Virgilio Travieso Soto

Virgilio Travieso Soto: el hombre que sembró las bases del baloncesto dominicano.

Hablar del desarrollo del baloncesto en la República Dominicana es hablar de Virgilio Travieso Soto. Su legado trasciende las canchas, los torneos y los cargos que ocupó durante más de tres décadas. Fue un maestro, dirigente, promotor y formador de generaciones que dedicó su vida a impulsar el deporte con honestidad, disciplina y una vocación de servicio que lo convirtió en una de las figuras más respetadas del deporte nacional.

La remodelación del Palacio de los Deportes Virgilio Travieso Soto, en el marco de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, ha devuelto a la memoria colectiva la historia de un hombre considerado con justicia como el padre del baloncesto dominicano.

Quienes compartieron con Don Virgilio coinciden en describirlo como un hombre sencillo, humilde y profundamente íntegro. Su prestigio no solo se construyó por sus logros deportivos, sino también por los principios que guiaron toda su vida.

Existen numerosas anécdotas que reflejan esa forma de actuar. Desde devolver dos centavos sobrantes tras gestionar un patrocinio para un torneo hasta reintegrar 30 mil pesos al entonces presidente Joaquín Balaguer al concluir el CentroBasket de 1975, su honestidad era incuestionable.

Su firmeza también quedó demostrada en 1966, cuando prefirió perder su cargo como director de la Dirección General de Educación Física Escolar antes que firmar el nombramiento de una persona que no reunía las condiciones necesarias para desempeñar el puesto.

Para quienes lo conocieron, esa rectitud era parte inseparable de su personalidad.

Más allá de entrenador y dirigente, Virgilio Travieso Soto fue un educador apasionado. Obtuvo el grado de instructor de Educación Física en 1955 y dedicó buena parte de su vida a enseñar y formar jóvenes dentro y fuera de las canchas.

Su cercanía con los estudiantes y atletas le valió el sobrenombre de «El Centinela de la Juventud», un reconocimiento al compromiso permanente que asumió con las nuevas generaciones.

En una época sin internet, redes sociales o televisión especializada, hacía grandes esfuerzos para mantenerse actualizado sobre las nuevas reglas, tácticas y métodos de entrenamiento del baloncesto, conocimientos que luego compartía con sus jugadores y colegas.

Su filosofía quedó resumida en una frase que inspiró a numerosos dirigentes deportivos:

«Sin atletas no hay deporte».

Ese pensamiento marcó a promotores como Wiche García Saleta, Enrique Ripley Marín, Máximo Bernard y Max Reynoso, entre muchos otros.

Agustín Virgilio Travieso Soto nació en Santo Domingo el 28 de agosto de 1925, aunque algunos registros sitúan su nacimiento en 1923.

Durante su etapa escolar en la antigua Escuela Normal Superior comenzó a despertar su pasión por el baloncesto al observar jugar al equipo «Mosqueteros de la Normal». Sin embargo, el acontecimiento que terminó de cambiar su vida fue el torneo «Primer Centenario de la República», celebrado en 1944.

Desde entonces inició una trayectoria deportiva que lo llevó a representar al país como jugador de la selección nacional durante las décadas de 1940 y 1950.

Su talento no se limitó al baloncesto. También practicó tenis, voleibol, béisbol y softbol, disciplina en la que llegó a destacar como lanzador.

En 1946 integró la selección dominicana que participó en los V Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Barranquilla, Colombia. Más adelante defendió los colores de la Universidad de Santo Domingo y del equipo Santo Domingo, consolidándose entre los mejores jugadores de su época.

Tras retirarse como jugador, encontró su verdadera misión como organizador, entrenador y dirigente.

En 1950 creó el torneo «Futuras Estrellas», destinado a jóvenes menores de 17 años, una iniciativa pionera para el desarrollo del talento nacional.

Siete años más tarde organizó la histórica visita de los Harlem Globetrotters a República Dominicana, acercando al público dominicano al espectáculo del baloncesto internacional.

Otra de sus grandes contribuciones llegó entre 1969 y 1970 con la denominada «Operación Altura», un proyecto diseñado para identificar jóvenes con gran estatura e incorporarlos al baloncesto organizado. Gracias a ese programa comenzaron a surgir los primeros jugadores dominicanos que superaban los seis pies y cinco pulgadas de estatura.

Asimismo, promovió la introducción del minibasket en el país tras su aprobación por la FIBA, una iniciativa que fortaleció la formación de niños y adolescentes en este deporte.

La influencia de Virgilio Travieso Soto trascendió las canchas.

Fue fundador y primer presidente de la Federación Dominicana de Baloncesto, cargo que desempeñó entre 1960 y 1976.

También dirigió la selección nacional masculina, encabezó la Dirección General de Educación Física Escolar, integró delegaciones dominicanas en Juegos Olímpicos y Centroamericanos, fue miembro de la Confederación Centroamericana y del Caribe de Baloncesto y director técnico de los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 1974.

Su liderazgo organizativo convirtió ese evento en un referente para futuras competencias internacionales celebradas en la región.

A lo largo de su trayectoria recibió numerosos reconocimientos, entre ellos la Orden de Duarte, Sánchez y Mella en el grado de Caballero y su exaltación como Inmortal del Deporte Dominicano.

Pero quizá el homenaje más significativo sea que el principal escenario del baloncesto nacional lleve su nombre.

Para figuras como Frank Kranwinkel, el reconocimiento resulta más que merecido.

«Se hace honor al Palacio de los Deportes llamándolo Virgilio Travieso Soto; en verdad, el honor sería del Palacio al llevar tan prestigioso nombre».

Una opinión similar comparte el exjugador y entrenador Faisal Abel, quien afirmó que Don Virgilio fue una persona irrepetible dentro del deporte dominicano.

Décadas después de su partida, la influencia de Virgilio Travieso Soto continúa viva en cada entrenador que forma atletas con valores, en cada dirigente que trabaja por el crecimiento del baloncesto y en cada joven que encuentra en el deporte una oportunidad para construir un mejor futuro.

Su historia demuestra que los grandes legados no se miden únicamente por los campeonatos conquistados, sino por las vidas que se transforman con el ejemplo.

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