Para muchos aficionados, acompañar a su selección en un Mundial es el máximo sueño. Pero en la práctica, ese sueño puede convertirse en una experiencia tan emocionante como costosa. Así lo vive una familia ecuatoriana que reside en México y que ha decidido seguir a la “Tri” en su recorrido por el torneo en Norteamérica.
“Soy ecuatoriano, vivo en Monterrey, vine al Mundial acompañando al país a ver cómo nos va en el partido”, cuenta Diego Ceballos Aguilar, con la ilusión intacta pese al esfuerzo económico que implica la travesía.
Para poder vivir esta experiencia, Diego empezó a planificar con mucha anticipación. Desde el año pasado estableció un ahorro programado e incluso decidió viajar acompañado de su hijo para compartir el momento.
Sin embargo, el entusiasmo viene acompañado de una inversión considerable. Según detalla, el presupuesto total por persona ronda entre los 3.500 y 4.000 dólares, una cifra que incluye entradas, vuelos internos, alojamiento y alimentación durante la estadía.
“Nos quedamos hasta el 27. Eso es por uno, porque compramos dos tickets para dos partidos, pasajes desde Monterrey a Nueva York, después ahorita de Nueva York a Kansas, regresar pasajes, más Airbnb, más comida”, explica Diego, haciendo un desglose que deja claro cómo se acumulan los gastos en cada etapa del viaje.
Uno de los mayores impactos en el presupuesto son precisamente las entradas a los partidos. Diego ya pudo ver a Ecuador en Filadelfia, en la derrota 1-0 ante Costa de Marfil, y pagó entre 550 y 580 dólares por ese boleto. Una cifra que, multiplicada por varios encuentros, convierte la experiencia en un lujo para muchos hinchas.
Aun así, la familia no descarta seguir ampliando su aventura mundialista. En el horizonte aparece el posible duelo entre Ecuador y Alemania el próximo 25 de junio en Nueva York, un partido que podría elevar aún más el gasto total del viaje.
Entre aeropuertos, estadios y ciudades, esta historia refleja una realidad cada vez más común: vivir un Mundial en primera persona no solo exige pasión, sino también una planificación financiera casi tan exigente como el torneo mismo.