El árbitro somalí, apartado del Mundial 2026 tras serle negada la entrada a Estados Unidos, recibió una oportunidad de la UEFA que difícilmente olvidará.
Para Omar Artan, la Supercopa de Europa no fue un partido más. Fue la oportunidad de volver a sentirse parte de la gran escena del fútbol mundial después de haber visto frustrado, de manera inesperada, el sueño de dirigir en el Mundial de 2026.
Dos meses después de que Estados Unidos le negara la entrada al país y lo dejara fuera de la cita mundialista, el árbitro somalí recibió una invitación de la UEFA para dirigir la Supercopa de Europa entre el París Saint-Germain, campeón de la Liga de Campeones, y el Aston Villa, campeón de la Europa League.
El encuentro, disputado el miércoles en Salzburgo y ganado 2-1 por el PSG, terminó convirtiéndose en una noche especialmente significativa para Artan. Tanto, que decidió escribir sobre uno de los balones del partido una frase que resume lo que significó para él: “Fue mi Mundial”.
La UEFA compartió la imagen del balón en su cuenta de X y acompañó la publicación con un mensaje en el que destacó el recuerdo especial dejado por el árbitro somalí.
La historia de Artan dio un giro inesperado en junio, cuando llegó al aeropuerto de Miami y las autoridades estadounidenses rechazaron su entrada. Con esa decisión, el árbitro perdió la posibilidad de cumplir uno de los mayores sueños de su carrera: participar en el Mundial de 2026.
El Departamento de Estado estadounidense justificó la medida alegando supuestos vínculos de Artan con personas sospechosas de pertenecer a organizaciones terroristas. El árbitro rechazó esas acusaciones.
El episodio provocó una fuerte reacción en Somalia. A su regreso, Artan fue recibido como un héroe y encontró el respaldo de su país en un momento especialmente difícil de su carrera.
Cuando parecía que el Mundial se había convertido en una oportunidad perdida, apareció la UEFA.
La invitación para dirigir la Supercopa de Europa no borró lo ocurrido, pero sí le permitió a Artan volver a pisar un gran escenario internacional. Y el árbitro respondió con una actuación que terminó teniendo un significado mucho más profundo que el resultado del partido.
Después del encuentro, Artan agradeció a la UEFA por la confianza y por haberlo recibido “con los brazos abiertos” en Europa. También reconoció el respaldo de la Confederación Africana de Fútbol (CAF).
Su mensaje dejó claro que aquella noche representaba algo más que una designación arbitral. Era una reivindicación personal después de una experiencia que había golpeado uno de los momentos más importantes de su carrera.
El caso de Artan también se convirtió en uno de los primeros puntos de fricción entre la UEFA y la FIFA durante este verano.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, calificó lo ocurrido con el árbitro somalí como “desafortunado”, aunque señaló que la FIFA no controla todas las decisiones relacionadas con la entrada a Estados Unidos.
Desde entonces, las diferencias entre ambos organismos se han hecho más visibles en otros asuntos, especialmente en torno a la gestión y el futuro de las competiciones internacionales.
Mientras tanto, Artan ya tiene su propia manera de recordar aquel capítulo.
No pudo estar en el Mundial que soñaba dirigir. Pero en Salzburgo tuvo su gran noche, recibió la confianza de la UEFA y dejó una frase escrita sobre un balón que difícilmente pasará desapercibida:
“Fue mi Mundial”.
Y para un árbitro al que le cerraron una puerta, aquella Supercopa significó mucho más que noventa minutos de fútbol.