Liranyi Alonso

Liranyi Alonso, de “esa enana” a soñar con una final olímpica.

José Ludwig Rubio, su entrenador, apuesta a que la velocista dominicana puede llegar a la final de los 100 metros en Los Ángeles 2028.

Hace apenas cinco años, cuando José Ludwig Rubio presentó a Liranyi Alonso ante personas vinculadas al atletismo dominicano, no todos vieron en aquella adolescente de 15 años y apenas cinco pies de estatura el potencial de una futura estrella.

Algunos incluso le dijeron al entrenador, sin rodeos: “No pierdas tu tiempo con esa enana”.

Hoy, aquella frase es apenas un recuerdo. Alonso, con 20 años, acaba de convertirse en una de las grandes figuras de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, donde conquistó cuatro medallas de oro y dejó claro que su historia apenas comienza.

Rubio recuerda aquellas dudas con una sonrisa.

Mucha gente me decía eso, que perdería el tiempo, y ahora vamos a competir en grande en el plano internacional”, contó el entrenador a Diario Libre.

La clasificación a los Juegos Panamericanos de Lima 2027 en las cuatro pruebas que ganó en Santo Domingo —100 metros, 200 metros, 4×100 femenino y 4×100 mixto— representa un nuevo paso en la carrera de Alonso.

Pero Rubio ya piensa mucho más allá.

El objetivo está puesto en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, y no se trata simplemente de participar.

Liranyi se prepara para competir en la final olímpica de los 100 metros. Para eso estamos trabajando. Y en una final, cualquier cosa puede pasar”, afirmó con seguridad.

La meta es ambiciosa, pero el entrenador sabe que quedan dos años y que el panorama puede cambiar considerablemente. Nuevas atletas pueden aparecer, otras pueden mejorar, algunas pueden abandonar la competición y las lesiones también pueden alterar el escenario.

“En dos años hay atletas que se van, otros que llegan, otros que mejoran, otros se lesionan. No puedo decir el futuro. Lo que sí, nosotros estamos trabajando para lograrlo”, explicó Rubio.

Uno de los principales argumentos para creer en el potencial de Alonso está en sus tiempos.

Aunque su poca participación en competencias internacionales le ha impedido acumular suficientes resultados para escalar posiciones en el ranking mundial de World Athletics, la dominicana ya ocupa el puesto 29 del planeta y continúa mejorando sus registros.

En Santo Domingo dejó una muestra de ello al correr los 100 metros en 11.10 segundos, cuatro centésimas menos que el antiguo récord de los Juegos, vigente desde 1998.

Sin embargo, las condiciones climáticas también tuvieron su papel.

Rubio explicó que el viento fue un factor importante durante las competencias en el Estadio Olímpico Félix Sánchez. En los 200 metros, prueba que Alonso ganó con tiempo de 23.07 segundos, el viento sopló a 3.4 metros por segundo, por encima de los 2 m/s permitidos para que una marca pueda ser homologada como récord.

Para Rubio, si Alonso hubiera contado con condiciones ideales, su talento le habría permitido acercarse todavía más a una marca de 22 segundos.

El dato revela algo más que un buen resultado: la velocista dominicana todavía tiene margen para seguir creciendo.

La transformación de Liranyi Alonso resume una de esas historias que hacen especial al deporte. Una atleta que fue subestimada por su estatura ahora aparece como una de las grandes esperanzas del atletismo dominicano.

Su entrenador, que también trabajó con el medallista olímpico y mundial Luguelin Santos, sabe lo que significa acompañar a un talento desde sus primeros pasos hasta el escenario internacional.

Ahora el desafío es mayor.

Lima 2027 aparece en el horizonte como la próxima gran estación, pero Los Ángeles 2028 es el sueño que mueve el proyecto. Y mientras el mundo comienza a mirar hacia la nueva generación de velocistas, en República Dominicana ya hay una corredora que quiere ganarse un lugar entre las mejores.

La niña a la que algunos aconsejaron abandonar por ser demasiado pequeña hoy corre detrás de un sueño enorme.

Llegar a una final olímpica de los 100 metros.

Y, como dice Rubio, cuando se llega a una final, cualquier cosa puede pasar.

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