En una liga donde la juventud, la velocidad y el recambio constante definen el presente, tres veteranos imponen una nueva narrativa: la del legado, la longevidad y el amor incondicional por el baloncesto. LeBron James, Chris Paul y Kyle Lowry encabezan un club inédito en la historia de la NBA: tres jugadores activos que, de forma simultánea, alcanzan las dos décadas de carrera en la mejor liga del mundo.
La temporada 2025-26 marcará un hito sin precedentes: LeBron James se convertirá en el primer jugador en disputar 23 temporadas en la NBA. Desde su debut en 2003, el ‘Rey’ ha redefinido lo que significa ser una superestrella: múltiples títulos, MVPs, récords y ahora, longevidad sin comparación.
“El amor por el juego sigue siendo grande. Pero el amor por el proceso es aún mayor”, confesó recientemente. Esa obsesión por el trabajo diario es lo que, según él, lo mantiene en la élite después de más de dos décadas. No obstante, su año 23 comenzará con una pausa: LeBron sufre de ciática y se perderá el arranque de la temporada con los Lakers, sin fecha confirmada para su regreso.
Mientras tanto, Chris Paul inicia su temporada número 21 con una hazaña que habla de su constancia y compromiso. El año pasado, en su vigésima campaña, disputó los 82 partidos de temporada regular con San Antonio, siendo titular en todos ellos. Este verano, regresó a los Clippers, donde comenzó su carrera, ahora con un rol distinto.
“Mi rol en este equipo claramente es distinto al de los últimos 20 años, pero poder mostrarles a los jóvenes lo que significa presentarse, entrenar y rendir, me emociona”, dijo Paul. En un deporte donde los días libres se celebran, Paul sigue predicando con el ejemplo.
Completa este tridente Kyle Lowry, quien arranca su vigésima temporada como uno de los jugadores más duros y resilientes de su generación. Estadísticamente, es el líder histórico en “pases recibidos” desde que la NBA comenzó a registrar datos modernos, lo que se traduce en un estilo de juego aguerrido, repleto de sacrificios físicos.
Su legado no siempre ha sido tan visible como el de James o Paul, pero dentro de los vestidores, su liderazgo es incuestionable. Lowry representa el tipo de jugador que deja huella sin necesidad de luces ni titulares.
Entre los tres han acumulado más de 1.200 millones de dólares en salarios, pero gran parte de esa fortuna ha sido reinvertida en sus cuerpos: chefs personales, fisioterapeutas, cámaras hiperbáricas, entrenamientos individualizados y tratamientos avanzados. Su longevidad no es casualidad, es el resultado de una disciplina férrea y una inversión constante en rendimiento físico.
Lo que une a estas tres leyendas va más allá de sus logros individuales: es una pasión inquebrantable por el juego. En un deporte que rara vez perdona el paso del tiempo, ellos han sabido adaptarse, evolucionar y, sobre todo, mantenerse relevantes.
La NBA nunca había visto algo así: tres jugadores con 20 o más temporadas activas, todavía compitiendo, todavía impactando. LeBron James, Chris Paul y Kyle Lowry no solo están escribiendo historia. La están alargando, capítulo a capítulo, para que futuras generaciones comprendan que en el baloncesto, como en la vida, la grandeza también se mide en el tiempo.