Knicks buscan coronarse en San Antonio y poner fin a una espera de más de cinco décadas.

Las Finales de la NBA han ofrecido una batalla intensa y dramática entre los New York Knicks y los San Antonio Spurs, una serie en la que cada posesión ha contado y donde ninguno de los cuatro primeros partidos se decidió hasta los segundos finales.

Ahora, con ventaja de 3-1, los Knicks están a una victoria de conquistar su primer campeonato desde 1973. El quinto partido se disputará este sábado a las 8:30 de la noche en San Antonio, donde Nueva York intentará cerrar una serie que ha estado mucho más reñida de lo que indica el marcador global.

Los desenlaces de los primeros cuatro encuentros reflejan la enorme igualdad entre ambos equipos. En el Juego 1, los Knicks conservaron una ventaja de cuatro puntos durante el último minuto. En el segundo, sobrevivieron por apenas una unidad después de que Victor Wembanyama fallara por centímetros el tiro que pudo cambiar la historia. San Antonio respondió en el tercero con una victoria por cuatro puntos, mientras que el cuarto partido terminó con otra dosis de dramatismo cuando OG Anunoby capturó un rebote ofensivo y anotó la canasta ganadora con apenas 1.2 segundos en el reloj.

No se veía una final en la que los primeros cuatro partidos llegaran con diferencias de cuatro puntos o menos al último minuto desde 1973. Curiosamente, aquella temporada también terminó con los Knicks celebrando el título.

Sin embargo, la historia de esta serie pudo haber sido muy distinta.

San Antonio parecía encaminado a igualar el enfrentamiento cuando construyó una ventaja de 29 puntos en el tercer cuarto del Juego 4. Con marcador de 81-52, los Spurs tenían prácticamente el control absoluto del encuentro. Pero entonces llegó el derrumbe.

Nueva York cerró el partido con un impresionante parcial de 55-25, mientras los Spurs fallaban 29 de sus últimos 35 intentos al aro. El resultado fue una remontada histórica que terminó convirtiéndose en el mayor colapso registrado en unas Finales de la NBA.

Las estadísticas reflejan la magnitud de la oportunidad desperdiciada. Los equipos que habían disfrutado de ventajas de al menos 29 puntos esta temporada tenían marca perfecta de 249-0. En las últimas tres décadas de playoffs, esos equipos acumulaban récord de 288-2. Sumando temporada regular y postemporada, el balance era de 4,088 victorias y apenas 13 derrotas.

Pese al golpe, en San Antonio insisten en que la serie sigue viva.

«Hay convicción, fuerza y confianza», aseguró el entrenador Mitch Johnson. «No podemos negar lo que ocurrió ni el hecho de que estamos abajo 3-1, pero también sabemos que podemos jugar mejor».

El base De’Aaron Fox, señalado tras el cuarto partido por no consumir más tiempo en la posesión decisiva, mantiene la misma confianza.

«Seguimos creyendo que podemos ganar», afirmó. «No pensamos en que tenemos que ganar tres partidos. Solo pensamos en ganar el próximo».

El desafío, sin embargo, es enorme. Cuando los Knicks han tenido la oportunidad de eliminar a un rival en estos playoffs, lo han hecho de manera contundente.

Nueva York tiene marca de 3-0 en partidos de cierre durante esta postemporada y los ha ganado por un promedio de 39.3 puntos. Eliminó a Atlanta con una victoria de 140-89, despachó a Filadelfia por 144-114 y cerró las finales del Este ante Cleveland con un contundente 130-93.

Lo más llamativo es que esos tres triunfos llegaron como visitante, un dato que aumenta la confianza de un equipo que ahora busca completar la misión lejos de casa.

Miles de aficionados neoyorquinos viajarán a San Antonio con la esperanza de presenciar una noche histórica. Después de más de medio siglo de espera, los Knicks están a solo una victoria de volver a la cima de la NBA.

«Una posesión a la vez, una jugada a la vez, un cuarto a la vez», resumió Jalen Brunson. «Nuestra mentalidad debe seguir siendo la misma sin importar lo que ocurra. Eso es algo que hemos mejorado durante toda la temporada y ahora es más importante que nunca».

La presión está sobre los Spurs. La oportunidad, sobre los Knicks. Y el sábado por la noche, en San Antonio, podría escribirse el capítulo final de una de las historias más emocionantes de la temporada.

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