Joshua Báez

Joshua Báez: un debut de “locura irreal” que ya entró en la historia

El dominicano conectó tres jonrones en sus primeros tres turnos en las Grandes Ligas y convirtió su estreno con los Cardenales de San Luis en una noche inolvidable.

CHICAGO.— Hay debuts que se recuerdan durante años y otros que, desde el primer día, parecen destinados a convertirse en historia. Joshua Báez tuvo uno de esos.

El dominicano hizo su presentación en las Grandes Ligas con una actuación fuera de lo común: conectó tres cuadrangulares en sus primeros tres turnos al bate y se convirtió en el primer jugador en la historia de las Mayores en lograr esa hazaña.

Báez terminó de 4-3, con cinco carreras impulsadas, para liderar la victoria de los Cardenales de San Luis por 8-4 sobre los Cachorros de Chicago en el Wrigley Field.

Pero detrás de los números hubo una historia mucho más personal.

Durante el partido, una abeja comenzó a rondar a Báez. Al principio, la situación lo incomodó, pero con el paso de las entradas el dominicano empezó a verla de otra manera.

Para él, aquella presencia podía ser una señal de su padre, José Manuel Báez, quien falleció y fue una de las personas que más influyó en su carrera.

“Lo tomé como si él fuera la abeja, porque la tenía encima en cada entrada”, contó Báez después del encuentro.

Su padre también jugó béisbol y softbol hasta aproximadamente los 35 años y siempre estuvo cerca de su hijo para aconsejarlo sobre el juego. Esos consejos estuvieron presentes mucho antes de que Joshua llegara a las Grandes Ligas.

De hecho, el joven pelotero ya había protagonizado otra actuación extraordinaria el pasado 16 de junio, cuando conectó cuatro jonrones con Memphis, en las ligas menores, precisamente el día del aniversario luctuoso de su padre.

Ahora, en el escenario más grande del béisbol, volvió a escribir una página extraordinaria.

La espectacularidad de la actuación no terminó en la cantidad de cuadrangulares. Báez envió cada uno de sus tres batazos a una zona diferente del Wrigley Field y ante tres tipos distintos de lanzamientos.

El primero llegó en la primera entrada, con su primer pitcheo visto en las Grandes Ligas. Frente a una recta de cuatro costuras de 93.4 millas por hora, conectó un jonrón de dos carreras que recorrió aproximadamente 449 pies por el jardín izquierdo-central.

En el cuarto episodio volvió a castigar al mismo lanzador, Matthew Boyd. Esta vez esperó un cambio de velocidad y, con cuenta de 3-2 y las bases limpias, mandó la pelota por encima de la verja del jardín izquierdo.

Y en la sexta entrada completó la obra. Con un corredor en circulación y cuenta de 1-0, atacó un slider de Boyd y llevó la pelota hacia la banda contraria, hasta el jardín derecho.

Tres turnos. Tres jonrones. Tres sectores diferentes del estadio.

Boyd quedó, inevitablemente, como parte de una historia que Báez difícilmente olvidará.

A sus 23 años, el dominicano todavía parecía estar intentando comprender lo que acababa de suceder.

“Es simplemente irreal. ¿No solo dar un hit, sino tres jonrones? Es una locura”, expresó Báez.

Y quizá no haya una mejor manera de describirlo.

Hace apenas unos meses, el nombre de Joshua Báez era conocido principalmente por quienes seguían de cerca las ligas menores. Ahora, después de una sola noche, su nombre quedó grabado en los libros de historia de las Grandes Ligas.

Su padre no pudo verlo físicamente desde las gradas. Pero para Báez, aquella abeja que lo acompañó durante el partido fue suficiente para sentir que no estaba solo.

Y mientras la pelota viajaba una y otra vez por encima de las cercas del Wrigley Field, el joven dominicano no solo construía un debut histórico: también parecía cumplir, a fuerza de batazos, los consejos de quien siempre creyó en él.

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