A sus 41 años, Emilio Bonifacio continúa siendo una de las figuras más respetadas y emblemáticas del béisbol dominicano. Mientras muchos de sus contemporáneos ya han colgado los spikes, el capitán de los Tigres del Licey mantiene firme su postura: el retiro llegará cuando él lo decida, no cuando otros se lo sugieran.
La pregunta sobre cuándo pondrá fin a su carrera lo acompaña desde hace varias temporadas. Sin embargo, lejos de sentirse presionado, Bonifacio tiene clara su respuesta.
“No sé por qué a la gente le afecta tanto que un pelotero siga jugando. A nadie le puede importar más mi carrera que a mí mismo, por más fanático mío que sea”, expresó durante una entrevista en la sección Palco de Grandes Ligas.
El veterano jugador reconoce que la edad es un factor inevitable, pero insiste en que su criterio principal sigue siendo el estado físico. No tiene una fecha marcada en el calendario ni un plan establecido para despedirse del béisbol.
“Voy año por año”, resume el Boni.
Para él, el respeto hacia una organización tan histórica como el Licey comienza por la honestidad consigo mismo.
“Antes que todo, para yo respetar al Licey, tengo que respetarme a mí. Pero, si físicamente estoy bien, ¿por qué no seguir jugando?”, cuestiona.
Bonifacio considera que una de las claves de su longevidad ha sido aceptar los cambios que llegan con el paso del tiempo. En lugar de aferrarse a un rol protagónico, ha aprendido a adaptarse a las necesidades del equipo.
Como ejemplo recuerda la temporada pasada, cuando pasó varios partidos consecutivos sin ver acción.
“Mucha gente dice que Bonifacio se cree dueño del Licey, pero el año pasado duré hasta diez partidos seguidos sin jugar. Cuando Gilbert me necesitaba, yo asumía el rol que me tocaba. Aunque quería estar en el terreno, entendía que no estaba produciendo como debía”, confesó.
Esa disposición a sacrificarse por el colectivo ha sido una de las características que han fortalecido su liderazgo dentro del clubhouse azul.
La huella de Emilio Bonifacio en la historia del Licey es imborrable. Como capitán, ha sido protagonista de cinco campeonatos nacionales.
Su primera corona llegó en la temporada 2008-09. Luego repitió la hazaña en 2013-14 y volvió a celebrar en 2016-17. Más recientemente, lideró al conjunto azul hacia un histórico bicampeonato en las campañas 2022-23 y 2023-24, consolidando aún más su legado dentro de la franquicia más ganadora de la pelota dominicana.
A lo largo de su extensa carrera, Bonifacio ha sido reconocido por mantener la calma incluso en los escenarios de mayor tensión. Sin embargo, hubo una ocasión en la que estuvo cerca de perder el control.
Ocurrió durante los Juegos Olímpicos de Tokio, en medio de un partido decisivo para la selección dominicana.
“Sentí que él no hizo el esfuerzo que debía hacer en una jugada y entendí que como capitán tenía que llamarle la atención”, recordó sobre un intercambio con Charlie Valerio.
Aunque las palabras subieron de tono, el incidente no pasó a mayores.
“Quizás no fue la mejor manera, nos dijimos algunas cosas, pero gracias a Dios todo quedó ahí”, explicó.
Después de una trayectoria que incluye Grandes Ligas, Juegos Olímpicos, Series del Caribe y múltiples títulos invernales, Bonifacio identifica tres momentos que ocupan un lugar especial en su memoria.
El primero fue su debut en las Grandes Ligas, un sueño que logró cumplir tras años de esfuerzo.
El segundo, la medalla olímpica conquistada por República Dominicana en Tokio 2020, una de las mayores alegrías de su carrera.
Y el tercero, el inolvidable doble con las bases llenas que conectó en el noveno partido de la Serie Final de 2017 frente a las Águilas Cibaeñas, una jugada que quedó grabada para siempre en la memoria de los fanáticos liceístas.
Bonifacio también construyó una sólida trayectoria en las Grandes Ligas durante 12 temporadas, entre 2007 y 2020.
Su versatilidad defensiva y velocidad en las bases lo convirtieron en un valioso súper utility. Terminó su paso por las Mayores con promedio de bateo de .256, 669 imparables y 166 bases robadas.
Debutó con los Diamondbacks de Arizona y posteriormente vistió los uniformes de los Nacionales de Washington, Marlins de Florida, Azulejos de Toronto, Reales de Kansas City, Cachorros de Chicago, Bravos de Atlanta y Medias Blancas de Chicago, antes de cerrar su carrera en las Grandes Ligas con un regreso a Washington.
Este año decidió no regresar al béisbol de verano en México, donde participó por primera vez la temporada pasada. Aunque reconoce que algún día llegará el momento de despedirse del terreno, todavía no siente que ese día haya llegado.
De hecho, cuando finalmente cuelgue los spikes, se imagina trabajando en oficinas y aportando al deporte desde otra faceta.
Por ahora, sin embargo, Emilio Bonifacio sigue enfocado en lo que más le apasiona: jugar béisbol. Y mientras su cuerpo le dé la señal de que puede continuar, el histórico capitán azul no tiene prisa por decir adiós.