Durante la inauguración del 76 Congreso de la FIFA en Vancouver, Infantino fue enfático al abordar la situación: aseguró que Irán no solo participará en la Copa del Mundo, sino que jugará en territorio estadounidense tal como estaba previsto en el calendario oficial.
El anuncio llega en medio de tensiones geopolíticas derivadas del conflicto en Oriente Medio, iniciado el pasado 28 de febrero tras ataques de Estados Unidos e Israel contra Teherán. Este escenario había generado dudas sobre la viabilidad logística y política de que el combinado iraní compitiera en suelo estadounidense.
Irán tiene programados sus encuentros del Grupo G en ciudades clave de Estados Unidos: debutará el 15 de junio en Los Ángeles frente a Nueva Zelanda, luego enfrentará a Bélgica el 21 de junio en la misma sede, y cerrará la fase de grupos el 27 de junio en Seattle contra Egipto. Además, se prevé que establezca su base de concentración en Tucson, Arizona.
En semanas anteriores, autoridades iraníes habían considerado trasladar sus partidos a México, una propuesta que fue descartada por la FIFA. Incluso surgieron versiones sobre una posible sustitución de Irán por Italia, idea que posteriormente fue desmentida por el gobierno estadounidense. El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que los jugadores iraníes serán bienvenidos en el país.
Sin embargo, las tensiones persisten. Irán fue el único país ausente entre los 211 miembros del Congreso de la FIFA, luego de que representantes de su federación abandonaran Canadá tras un incidente con autoridades migratorias en Toronto. Según medios iraníes, el presidente de la federación, Mehdi Taj, denunció haber sido “insultado” por funcionarios fronterizos. Taj mantiene vínculos pasados con los Guardianes de la Revolución, organización designada como terrorista por Canadá en 2024.
Más allá del caso iraní, el Congreso también ha estado marcado por cuestionamientos hacia Infantino. Entre ellos destacan las críticas por el incremento en el precio de las entradas del Mundial y su cercanía con el presidente estadounidense, Donald Trump.
Asimismo, organizaciones de derechos humanos han solicitado garantías para los aficionados internacionales ante las políticas migratorias estadounidenses. A esto se suman las controversias por la creación del Premio de la Paz de la FIFA, otorgado a Trump, cuya eliminación ha sido solicitada por dirigentes como Lise Klaveness, presidenta de la federación noruega.
En el ámbito deportivo, también se espera que el Congreso aborde la posible continuidad de la suspensión de Rusia del fútbol internacional, vigente desde la invasión de Ucrania en 2022, una medida sobre la que Infantino ha mostrado apertura para reconsiderar.
Con estos temas sobre la mesa, la FIFA avanza en la organización de lo que será el Mundial más grande de la historia, con sede compartida entre Estados Unidos, México y Canadá, y con desafíos que van más allá del terreno de juego.