El Borussia Dortmund dio un paso en falso que puede resultar definitivo en la lucha por la Bundesliga. El conjunto aurinegro cayó 2-1 en su visita al Hoffenheim este sábado, en el marco de la jornada 30, y dejó servido el escenario para que el Bayern de Múnich se consagre campeón este domingo.
Con esta derrota —la segunda consecutiva tras el revés ante el Bayer Leverkusen—, el Dortmund se queda con 64 puntos y ya solo podría aspirar a un máximo de 76 unidades si gana sus cuatro partidos restantes. Precisamente esa cifra es la que ya posee el Bayern, que además cuenta con una abrumadora diferencia de goles (+78 frente a +30), prácticamente decisiva en caso de igualdad.
De este modo, el equipo dirigido por Vincent Kompany será campeón de manera matemática si logra al menos un empate en su compromiso del domingo frente al Stuttgart. Todo apunta a que el título regresará a Múnich salvo un giro completamente inesperado.
El duelo en Hoffenheim tuvo un desenlace dramático y frustrante para el Dortmund. Andrej Kramaric fue la gran figura del encuentro al convertir dos penales, el primero en el minuto 42 y el segundo en el 90+8, este último cuando el partido parecía encaminado al empate.
Entre ambos goles, el Dortmund había logrado reaccionar en la recta final gracias a Serhou Guirassy, quien igualó el marcador en el minuto 87 y parecía rescatar un punto vital para mantener vivas las esperanzas.
Sin embargo, el tanto agónico desde los once pasos terminó por sentenciar al conjunto visitante, que ahora depende de un milagro para evitar que el Bayern celebre el título incluso antes de finalizar la temporada.
Con el panorama completamente a su favor, el Bayern de Múnich afronta su partido del domingo con la tranquilidad de saber que incluso un empate le bastará para asegurar el campeonato. La contundencia mostrada a lo largo del torneo, especialmente en el apartado ofensivo, refuerza la sensación de que el desenlace es solo cuestión de tiempo.
Mientras tanto, el Dortmund queda golpeado anímicamente y obligado a cerrar la temporada con la mayor dignidad posible, en un desenlace que, salvo sorpresa mayúscula, ya tiene dueño anunciado.