“Fuimos mucho más que la sede de una competición”. Con esa frase, el presidente Luis Abinader resumió el sentimiento que quedó tras el cierre de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026: República Dominicana no solo compitió, también abrió sus puertas, abrazó a sus visitantes y convirtió la fiesta deportiva en una celebración de confraternidad.
La llama se apagó y el telón cayó, pero la huella de estos Juegos permanecerá durante mucho tiempo.
República Dominicana cerró su participación con 150 medallas, una cifra histórica para el país en la competición, después de poco más de dos semanas de grandes emociones, jornadas intensas, récords, triunfos y derrotas. Sin embargo, para Abinader hubo una conquista que fue mucho más allá del medallero.
“Fuimos mucho más que la sede de una competición”, afirmó el mandatario durante el acto de clausura, celebrado ante atletas, dirigentes, voluntarios y representantes de las delegaciones participantes.
El presidente destacó la hospitalidad mostrada por los dominicanos y el cariño con el que fueron recibidos los atletas extranjeros, sin importar nacionalidad, idioma o bandera.
“Hubo muchas competencias, muchas tensiones y esfuerzos, variados récords, pero sacamos amplias calificaciones en nuestra hospitalidad y el amor que le expresamos a cada uno de los atletas extranjeros”, sostuvo Abinader durante su discurso, de unos ocho minutos.
Más de 600 atletas dominicanos defendieron los colores nacionales durante los Juegos. Cada medalla tuvo detrás horas de entrenamiento, sacrificio y sueños, pero también hubo otro grupo que trabajó lejos de los reflectores: los voluntarios.
Abinader felicitó a los deportistas por la entrega demostrada en cada competencia y los calificó como “grandes gladiadores” por el esfuerzo realizado para llevar al país a una cosecha histórica.
También reconoció el trabajo de Centro Caribe Sports, encabezado por su presidente Luis Mejía Oviedo; del Comité Organizador, dirigido por José Monegro; de las federaciones deportivas y, de manera especial, de los voluntarios que acompañaron a las delegaciones desde el primer día.
Ellos fueron, en muchos casos, el primer rostro dominicano que encontraron los visitantes y también quienes ayudaron a convertir a Santo Domingo en algo más que una ciudad sede.
El mensaje de despedida llegó desde los propios protagonistas.
Atletas de distintas delegaciones utilizaron el español, el inglés y el francés para agradecer a Santo Domingo por el trato recibido durante las dos semanas en las que la capital dominicana se convirtió en su hogar.
La competencia terminó, pero quedó la sensación de haber compartido algo más grande que una medalla: una experiencia marcada por la convivencia, la amistad y el respeto entre pueblos hermanos.
José Monegro, presidente del Comité Organizador, agradeció al presidente Abinader por la confianza depositada en él y en el equipo responsable de sacar adelante el evento.
Por su parte, Luis Mejía Oviedo agradeció, en nombre de Centro Caribe Sports, a todos los que aportaron su “granito de arena” para que los Juegos llegaran a su final con éxito.
En el plano deportivo, México terminó como la gran nación ganadora de los Juegos, con 407 medallas. Colombia ocupó el segundo lugar con 266, mientras Cuba cerró tercera con 155.
República Dominicana finalizó con 150 preseas, una actuación histórica para el país como anfitrión.
La ceremonia de clausura tuvo espacio para destacar a figuras cuya participación trascendió el resultado deportivo.
Entre las distinciones estuvo Víctor José Herrera, voluntario cuya entrega estuvo presente desde el inicio de los Juegos.
También fue reconocido el pesista Jeyson López, protagonista de una actuación histórica al establecer un récord olímpico.
La tercera distinción fue para Víctor Melenciano, atleta dominicano con discapacidad, quien conquistó la medalla de oro en los 4×100 metros.
Tres nombres, tres historias diferentes y una misma idea: estos Juegos también fueron construidos por personas que dieron algo más que su esfuerzo dentro de una competencia.
La Arena BanReservas estuvo repleta. Atletas, dirigentes, voluntarios y autoridades se reunieron para despedir una edición que durante semanas puso a Santo Domingo en el centro del deporte regional.
La música también tuvo su protagonismo.
Juan Luis Guerra interpretó Canto a la Patria, mientras Los Ilegales, autores de Mi Corazón Está de Fiesta, canción oficial de los Juegos, pusieron el ritmo a una noche que terminó convertida en celebración.
Entre los presentes estuvieron la primera dama, Raquel Arbaje; la vicepresidenta, Raquel Peña; el expresidente Hipólito Mejía; la alcaldesa de Santo Domingo, Carolina Mejía, y el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, entre otras autoridades.
A las 8:20 de la noche, el pebetero quedó finalmente apagado.
Pero mientras desaparecía la llama, quedaba encendida otra imagen: la de un país que quiso demostrar que organizar unos Juegos no consiste únicamente en levantar instalaciones, recibir delegaciones y celebrar competencias.
Consiste también en hacer sentir a quienes llegan que están en casa.
Santo Domingo 2026 terminó. Las medallas quedarán en los libros. Los récords, en las estadísticas. Pero la hospitalidad dominicana quedará en la memoria de quienes durante dos semanas llamaron hogar a esta tierra.
Y quizás esa haya sido la medalla más grande de todas.