
Hay aficionados que disfrutan el deporte desde casa y otros que convierten el apoyo a su selección en un verdadero estilo de vida. Rafael Pérez y Vanessa Ortiz pertenecen a este último grupo.
Con más de 35 años de matrimonio y una pasión inquebrantable por Puerto Rico, la pareja volvió a cruzar el Caribe para acompañar a su delegación en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, una tradición que han mantenido durante décadas.
Su historia como seguidores internacionales comenzó en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y continuó en Atlanta 1996, Sídney 2000, Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012 y Río de Janeiro 2016. La pandemia les impidió asistir a Tokio 2021, pero Santo Domingo les devolvió la oportunidad de vivir otra gran cita deportiva desde las gradas.
Quien haya pasado por el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte probablemente los haya visto. Rafael destaca entre la multitud gracias a una enorme gorra con la bandera de Puerto Rico que se ha convertido en una de las imágenes más llamativas de estos Juegos.
La adquirió apenas dos días antes del viaje en una tienda olímpica de San Juan por 90 dólares. Desde entonces, la gorra no solo atrae las miradas de los boricuas, sino también de aficionados de otros países que le piden fotografiarse con ella.
El accesorio sustituyó un viejo sombrero que lo acompañó durante años, aunque admite entre risas que esta nueva versión «ha causado sensación».
La pareja llegó a República Dominicana el 22 de julio y permanecerá hasta la clausura de los Juegos. Durante esos días también recibirán la visita de otros ocho familiares para seguir alentando a la delegación puertorriqueña.
«Nosotros siempre apoyamos al equipo. Es parte de nuestra idiosincrasia apoyar al equipo», asegura Rafael, convencido de que el deporte y la música son pilares fundamentales para mantener viva la identidad puertorriqueña.
En su recorrido ya presenciaron la final de taekwondo en la que Adrián Benítez obtuvo la medalla de plata frente al dominicano Bernardo Pié, además de acompañar al equipo femenino de sóftbol y recorrer distintos escenarios deportivos.
Aunque reconocen que el baloncesto es el deporte rey en Puerto Rico y también sienten un cariño especial por el béisbol, Rafael y Vanessa disfrutan cada disciplina en la que compiten atletas de su país.
Incluso destacan que los deportes de combate han sido una agradable sorpresa por el crecimiento de la representación boricua en esta edición de los Juegos.
Cuando se les pregunta por sus atletas favoritos, la respuesta refleja perfectamente su filosofía.
«Realmente los apoyamos, no importa quién sea».
Solo al recordar grandes figuras históricas mencionan a José «Piculín» Ortiz como uno de sus máximos referentes deportivos.
Para esta edición confían especialmente en que el voleibol, el béisbol, el baloncesto y el atletismo aporten medallas de oro para Puerto Rico.
Además de aficionado, Rafael es artista gráfico y aprovecha cada competencia para expresar ese orgullo nacional.
Él mismo diseñó la credencial personalizada que lleva colgada durante los Juegos, incorporando imágenes de atletas, entre ellas una representación suya como boxeador, otra de Vanessa y una más de su hermana.
Cada detalle forma parte de una identidad que buscan mostrar con orgullo en cualquier escenario deportivo.
Este año la exaltación de Carlos Beltrán al Salón de la Fama del Béisbol coincidió con los Juegos Centroamericanos, obligando a muchos fanáticos puertorriqueños a escoger entre ambos eventos.
Para Rafael la decisión fue sencilla.
Ya había asistido en 2017 a la ceremonia de ingreso de Iván Rodríguez en Cooperstown y esta vez prefirió vivir la experiencia de acompañar a la delegación durante más de dos semanas.
«Esto va a durar 17 días. El béisbol me gusta, pero esto me llama mucho más la atención», explica.
Para Rafael y Vanessa, los Juegos Centroamericanos representan una oportunidad única para celebrar cada triunfo de Puerto Rico.
Consideran que, al tratarse de una competencia regional, las posibilidades de conquistar medallas son mayores que en unos Juegos Olímpicos, lo que permite disfrutar aún más cada victoria.
Mientras el medallero continúa moviéndose, ellos seguirán ocupando su lugar en las tribunas, animando con la misma energía que los ha acompañado desde Barcelona 1992.
«Vamos a estar hasta el final. Hasta ahora llevamos cuatro días y ha sido una fiesta tremenda», concluye Rafael, convencido de que apoyar a Puerto Rico nunca pasa de moda.