Crece la polémica: aficionados iraníes se quedan sin entradas para el Mundial 2026 en Estados Unidos.

A pocos días de su debut en la Copa Mundial de la FIFA 2026, la selección de Irán enfrenta un nuevo contratiempo fuera de la cancha. La Federación Iraní de Fútbol denunció que la FIFA revocó la asignación de entradas que correspondía a sus aficionados para los tres partidos de la fase de grupos que disputará en Estados Unidos.

La situación añade otro capítulo a la accidentada preparación del combinado persa, marcada por problemas logísticos, restricciones migratorias y las tensiones políticas entre Washington y Teherán.

Según las normas de la FIFA, cada una de las 48 federaciones participantes recibe el 8 % de la capacidad de los estadios donde juega su selección, una cuota destinada a garantizar la presencia de sus seguidores más fieles. Sin embargo, la federación iraní aseguró que ya no podrá distribuir ni una sola entrada para los encuentros frente a Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto.

En un comunicado difundido por medios estatales, el organismo sostuvo que la medida genera serias preocupaciones sobre la influencia de factores políticos en la organización del torneo.

“Este incidente plantea dudas importantes sobre la interferencia de consideraciones ajenas al deporte en el evento futbolístico más importante del mundo”, expresó la federación.

Por su parte, la FIFA confirmó que mantiene conversaciones con las autoridades iraníes para encontrar alternativas.

“Estamos trabajando estrechamente con la Federación Iraní de Fútbol para identificar soluciones que cumplan con la normativa y permitan maximizar las oportunidades para que los aficionados iraníes puedan asistir a los partidos”, señaló el organismo rector.

Los problemas de Irán no se limitan a las gradas. La mayoría de los 26 jugadores convocados no disputa un partido oficial desde febrero debido a la paralización de la liga local a raíz del conflicto bélico que afecta al país.

Además, el equipo tuvo que modificar sus planes de preparación. La concentración prevista originalmente en Tucson, Arizona, fue trasladada a Tijuana, México, desde donde viajará para disputar sus compromisos mundialistas.

Tampoco todos los miembros de la delegación han recibido autorización para ingresar a territorio estadounidense. Algunos funcionarios de la federación vieron rechazadas sus solicitudes de visado.

Andrew Giuliani, director ejecutivo del grupo de trabajo de la Casa Blanca para la FIFA, confirmó que ciertos representantes iraníes no podrán entrar al país, argumentando preocupaciones relacionadas con la seguridad nacional.

Mientras tanto, los aficionados iraníes enfrentan dificultades adicionales para obtener visas y realizar pagos internacionales debido a las sanciones económicas vigentes contra Irán.

La controversia resulta especialmente llamativa porque el primer partido de Irán, programado para el 15 de junio frente a Nueva Zelanda en Inglewood, California, se jugará precisamente en la ciudad que alberga una de las mayores comunidades iraníes fuera de su país.

De mantenerse la decisión, la FIFA tendría que redistribuir miles de entradas a pocos días del encuentro. Se estima que alrededor de 5,600 boletos formaban parte de la cuota reservada para los seguidores iraníes.

La situación revive además una declaración realizada por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en 2017, cuando defendía la candidatura conjunta de Estados Unidos, México y Canadá para organizar el Mundial.

“Cualquier equipo, incluidos sus aficionados y dirigentes, debe tener acceso al país anfitrión. De lo contrario, no puede haber Mundial”, afirmó entonces el dirigente suizo.

El caso iraní no es el único que ha generado controversia en los días previos al inicio del torneo.

Un árbitro somalí designado por la FIFA fue impedido de ingresar a Estados Unidos y posteriormente quedó fuera de la competición. Asimismo, un futbolista iraquí fue retenido durante varias horas al llegar a Chicago y un fotógrafo que acompañaba a la delegación de Irak recibió la negativa de ingreso.

Estas situaciones han despertado críticas de organizaciones vinculadas a la lucha contra la discriminación.

Piara Powar, director ejecutivo de Fare Network, cuestionó abiertamente la gestión migratoria alrededor del Mundial.

“Antes incluso de que se dispute el primer partido, comienza a extenderse la sensación de que este Mundial está lejos de representar la celebración global que debería ser”, afirmó.

Con el torneo a punto de comenzar, la controversia sobre el acceso de jugadores, oficiales y aficionados amenaza con convertirse en uno de los temas más sensibles de una Copa del Mundo que, más allá del fútbol, ya se juega también en el terreno político.

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