Ciclismo

Ciclismo y Antidopaje: Un Deporte en la Mira de la Sospecha.

A medida que se inicia la temporada ciclista de 2025, la lucha contra el dopaje sigue siendo una constante en el ciclismo profesional. A pesar de que el deporte no ha vivido grandes escándalos recientes, el «clima de sospecha latente» persiste, alimentado por las dudas y las viejas polémicas. La sombra de casos como el de Lance Armstrong, cuyas confesiones en 2013 marcaron un antes y un después, sigue acechando a la disciplina, que se ve obligada a lidiar con una historia difícil de olvidar.

En este contexto, dos de las grandes figuras actuales del ciclismo, Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard, se han visto envueltos en controversias relacionadas con el dopaje. Ambos, tras sus impresionantes victorias en el Tour de Francia de 2024 y 2023, respectivamente, tuvieron que defenderse de acusaciones sobre el uso de monóxido de carbono. Este gas, que puede replicar los efectos beneficiosos de las concentraciones en altitud, ha sido señalado como una posible herramienta dopante si se utiliza de manera incorrecta.

A pesar de las explicaciones y defensas de Pogacar, quien consideró estas acusaciones como «polémicas sensacionalistas», y de Vingegaard, que también negó categóricamente cualquier vínculo con sustancias prohibidas, el hecho de que se haya hablado tanto sobre el monóxido de carbono subraya la continua desconfianza en el ciclismo profesional. La UCI (Unión Ciclista Internacional) ya ha instado a la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) a prohibir el uso de esta técnica, y el Movimiento por un Ciclismo Creíble (MPCC) insiste en mantener «la luz encendida» sobre cualquier indicio de dopaje.

La lucha contra el dopaje sigue siendo un desafío constante en el ciclismo, donde, según el MPCC, 75 ciclistas con licencia profesional están actualmente suspendidos por positivos en controles. La mayor parte de estos casos proviene de categorías inferiores, como la ‘Continental’, donde los corredores no cuentan con un pasaporte biológico, una herramienta clave en la detección del dopaje en las categorías más altas.

Colombia es el país más afectado por estas suspensiones, con 16 corredores fuera de la competición debido a prácticas dopantes. Las sustancias más detectadas continúan siendo la EPO (eritropoyetina), que sigue estando en el centro de muchos casos, seguida de los esteroides.

En eventos como el Tour de Francia, el control antidopaje se lleva a cabo de manera rigurosa. En 2024, por ejemplo, se realizaron 600 controles de sangre y orina durante las etapas de la carrera, además de otros 400 fuera de competición. Los corredores ganadores de cada etapa y los líderes deben someterse a controles tras finalizar la jornada, lo que garantiza una vigilancia constante.

Desde 2021, la UCI delega las operaciones de los controles antidopaje a la International Testing Agency (ITA), que en 2023 analizó más de 15.000 muestras. A partir de esa edición, además, se incluyó la detección de la hormona del crecimiento humano en los controles. A pesar de esta vigilancia exhaustiva, en la edición 2024 del Tour no se detectó ningún positivo, aunque algunas muestras se conservaron para un posible reanálisis futuro con avances tecnológicos.

El fraude tecnológico también es una preocupación creciente, y la UCI ha intensificado los controles en las bicicletas para evitar trampas tecnológicas. En 2024, se inspeccionaron más de 8.000 bicicletas sin que se encontrara evidencia de fraude. La UCI también ha implementado un «programa de recompensas», destinado a premiar a los informantes que proporcionen información sobre posibles trampas tecnológicas.

A pesar de los avances en los controles antidopaje y los esfuerzos por erradicar el fraude tecnológico, el ciclismo sigue luchando por recuperar la confianza de la opinión pública. Los escándalos del pasado, como el caso de Lance Armstrong, continúan marcando el presente, y los atletas más destacados, como Pogacar y Vingegaard, deben enfrentarse a la desconfianza que persiste en torno a su rendimiento.

El ciclismo se mantiene bajo la lupa, y aunque los esfuerzos por limpiar la imagen del deporte son evidentes, el «clima de sospecha latente» es algo que probablemente seguirá acompañando a los ciclistas durante muchos años más.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Email
WhatsApp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *