El inicialista de 27 años tuvo una noche histórica ante Boston y se convirtió en una de las principales figuras ofensivas de los Yankees tras una temporada marcada por las lesiones de Aaron Judge.
El camino de Ben Rice hasta convertirse en una de las figuras ofensivas de los Yankees de Nueva York ha estado lejos de ser convencional. Graduado de Dartmouth, una de las universidades de la Ivy League, el jugador de 27 años ha construido su ascenso en las Grandes Ligas sobre una combinación poco común de talento, disciplina y una rutina casi inquebrantable.
Rice tuvo una noche para recordar en el primer partido de la serie de comodines de la Liga Americana, al conectar un grand slam, producir seis carreras y sumar cuatro hits en la contundente victoria 9-0 sobre los Medias Rojas de Boston.
Con su actuación, igualó el récord de carreras impulsadas de los Yankees en un partido de postemporada, uniéndose a un grupo que incluye a Bobby Richardson, Bernie Williams, Hideki Matsui y Robinson Canó.
“Ben es el señor consistencia, además de ser graduado de la Ivy League. Es increíblemente inteligente. No se toma a sí mismo demasiado en serio”, comentó su compañero Spencer Jones.
Pero detrás de la figura que hoy brilla con el uniforme de Nueva York existe una historia particular.
Rice fue seleccionado por los Yankees en la duodécima ronda del draft amateur de 2021, procedente de Dartmouth, donde apenas pudo disputar 30 partidos universitarios durante tres años debido a las interrupciones provocadas por la pandemia de coronavirus.
Nacido y criado en Cohasset, Massachusetts, a menos de una hora de Fenway Park, Rice creció en territorio dominado por los Medias Rojas. Sin embargo, su corazón siempre estuvo con los Yankees.
Desde niño admiraba a Derek Jeter y encontraba una manera sencilla de acercarse a su equipo favorito: los videojuegos.
“Siempre jugaba con los Yankees en MLB 2K6 cuando era un chiquillo. Qué equipo para apoyar. Siempre son tan buenos. Bastante genial”, recordó.
Su afición por Nueva York era tan evidente que incluso llegó a desafiar el ambiente beisbolero de su comunidad.
“Definitivamente, llevar la camiseta de los Yankees el día de la foto de primer grado probablemente me ganó algunas miradas raras”, contó Rice sobre sus años en la escuela primaria Joseph Osgood.
Tenía apenas 10 años cuando los Yankees conquistaron su último campeonato, en 2009. Aunque reconoce que los recuerdos son algo borrosos por su corta edad, aquella celebración terminó formando parte de la historia del equipo que soñaba representar.
Ahora, más de una década después, Rice es protagonista de una nueva generación de los Yankees.
El inicialista cerró la temporada regular con 41 jonrones, 97 carreras impulsadas y 105 carreras anotadas, además de un promedio de bateo de .264. Su producción cobró todavía más importancia ante la ausencia prolongada de Aaron Judge, quien volvió a perderse buena parte de una temporada debido a una lesión.
“Se puede contar con una mano: uno de los mejores bateadores de la liga”, afirmó el manager Aaron Boone.
El camino, sin embargo, tampoco estuvo libre de dificultades.
Rice comenzó la campaña bateando .306 hasta mayo, pero cayó a .196 durante junio. Después del Juego de Estrellas atravesó otra etapa complicada, con apenas 18 hits en 58 turnos (.119), lo que llevó su promedio hasta .248 el 22 de agosto.
Lejos de quedarse atrapado en el mal momento, respondió con una de sus mejores etapas del año. En el tramo final bateó .327, producto de 37 hits en 113 turnos, cerrando la campaña con el impulso suficiente para trasladar su buen momento a los playoffs.
“Por más gran año que tuvo, pasó por un tramo de un mes en el que fue una batalla y un sufrimiento. Pero más o menos logró salir de eso. Realmente cerró el último mes con una ráfaga y, obviamente, lo trajo aquí en el primer juego de la postemporada”, explicó Boone.
Su inteligencia también ha sido parte de su sello. Rice se convirtió en uno de los pocos jugadores de las Grandes Ligas procedentes de Dartmouth, y su título universitario es en psicología.
Cuando llegó por primera vez a las Mayores, el entonces coach de los Yankees Brad Ausmus resumió su impresión de una manera sencilla: “Es graduado de Dartmouth, es un tipo inteligente”.
Pero quizás el rasgo que mejor define a Rice no está en sus estadísticas ni en su formación académica, sino en la manera en que afronta cada jornada.
Antes de dirigirse al Yankee Stadium, desayuna huevos revueltos con tostadas. Después repite prácticamente el mismo ritual de preparación, desde su rutina en la jaula hasta la organización de su día.
“El mismo desayuno todos los días. La misma rutina en la jaula todos los días. Toda la línea de tiempo del día es la misma. En realidad, todo”, explicó.
Para Rice, esa repetición no es una obsesión, sino una forma de eliminar el ruido y concentrarse en lo que realmente importa.
“Creo que la constancia hace que te plantees menos preguntas durante el día, porque simplemente sales ahí, OK, esto es lo que hago, y así es como voy a hacer mi trabajo, y estar listo para cuando empiece el juego”, señaló.
Y mientras los Yankees buscan avanzar en octubre, aquella camiseta que Rice llevaba con orgullo en una escuela primaria de Massachusetts ya no representa solamente al niño que soñaba con jugar para Nueva York.
Ahora es el uniforme de un bateador que, a fuerza de constancia, talento y una rutina nada rutinaria, se ha convertido en una de las nuevas caras de los Yankees.