La capital española amaneció teñida de rojo y amarillo, con miles de aficionados inundando las calles, los comercios y las plazas en una demostración de ilusión colectiva a pocas horas del decisivo duelo entre España y Argentina por el título del Mundial 2026.
El ambiente en el centro de la ciudad es de auténtica fiesta. En la Puerta del Sol, uno de los principales puntos de reunión de los seguidores de La Roja, las camisetas de la selección, las banderas y los cánticos dominan el paisaje mientras la expectativa crece minuto a minuto.
María Antón y Miguel García, dos jóvenes de 18 años, no esconden su optimismo. Aunque deberán seguir el encuentro desde un autobús rumbo a Murcia, ambos confían plenamente en que España conquistará su segunda Copa del Mundo, dieciséis años después de la histórica consagración en Sudáfrica 2010.
«En cuanto lleguemos vamos con toda la gente a donde se vayan», comenta María con entusiasmo, mientras Miguel ya imagina los festejos. «A una fuente o algo, para tirarnos al agua», dice entre risas.
La fiebre mundialista también se siente en el comercio. Los vendedores ambulantes apuran las últimas camisetas y banderas de España, mientras bares y restaurantes decoraron sus fachadas con los colores nacionales para recibir a los aficionados que seguirán el encuentro desde terrazas y pantallas.
El entusiasmo ha llegado incluso a las compañías telefónicas. Vodafone cambió el nombre de su red por el mensaje «A por la segunda», mientras Telefónica optó por «Con la selección», en un guiño a millones de usuarios que esperan celebrar una nueva conquista mundial.
Grandes cadenas comerciales como El Corte Inglés, Carrefour, Leroy Merlin e Ikea también anunciaron el cierre anticipado de algunos establecimientos para que sus empleados puedan disfrutar de la final.
La confianza en el equipo dirigido por Luis de la Fuente se percibe en cada rincón de Madrid. Javier Fernández, de 23 años, destaca el crecimiento de una selección que ha ilusionado durante todo el torneo.
«Hemos hecho un muy buen Mundial y hoy vamos a demostrarlo contra Argentina», asegura el aficionado, convencido del potencial de una plantilla joven que, según él, representa el presente y el futuro del fútbol español. Su plan es seguir el partido junto a sus amigos en una terraza y, si llega el triunfo, unirse a las celebraciones espontáneas que recorran la ciudad.
No todos, sin embargo, dejan de reconocer la dificultad del desafío. Mercedes Rojas, una maestra de 50 años llegada desde Toledo, considera que tanto España como Argentina han demostrado méritos suficientes para disputar la gran final.
«Los dos son unos merecedores ganadores», afirma mientras luce un sombrero con los colores de España. Aun así, espera brindar por La Roja con unas cervezas y una tradicional tortilla de patatas si el trofeo termina en manos del conjunto español.
Para quienes no consiguieron entradas ni desean perderse el ambiente colectivo, el Ayuntamiento instaló varias pantallas gigantes en distintos puntos de la capital, donde miles de aficionados vivirán juntos una noche que puede quedar grabada para siempre en la historia del deporte español.
Madrid ya está preparada. Antes de que ruede el balón, la ciudad ha dejado claro que la final del Mundial también se juega en sus calles. Solo falta conocer si la fiesta terminará con la ansiada segunda estrella sobre el escudo de España.