CLEVELAND. — Aunque la sequía de juegos sin hits ni carreras de los Guardianes de Cleveland continúa, la actuación de Parker Messick dejó claro que el final podría estar más cerca que nunca.
El zurdo de 25 años coqueteó con la historia este jueves al llevar un no-hitter hasta la novena entrada, liderando la victoria de Cleveland 4-2 sobre los Orioles de Baltimore en el Progressive Field. Messick se quedó a tan solo tres outs de convertirse en el primer lanzador de la franquicia en lograr la hazaña desde el juego perfecto de Len Barker el 15 de mayo de 1981.
Durante ocho entradas impecables, Messick mantuvo a raya a la ofensiva de Baltimore, permitiendo únicamente dos boletos —a Taylor Ward en el primer inning y al dominicano Leody Taveras en el sexto— mientras acumulaba nueve ponches, igualando su mejor marca personal. Su dominio fue evidente también en el control: de sus 112 lanzamientos, 78 fueron strikes.
El sueño del no-hitter se desvaneció en la novena entrada, cuando Taveras conectó un sencillo que se filtró por debajo del guante del intermedista dominicano Juan Brito, quien se lanzó hacia su izquierda sin poder evitar el imparable. A pesar del desenlace, la labor de Messick fue ampliamente ovacionada por la afición local.
El desempeño del joven abridor confirma su sólido inicio de temporada. En cuatro aperturas, acumula una efectividad de 1.05 en 25.2 entradas, con 25 ponches y apenas siete boletos, consolidándose como una pieza clave en la rotación de Cleveland.
La ofensiva de los Guardianes respaldó temprano a su lanzador. José Ramírez conectó un cuadrangular de dos carreras en el primer inning, marcando el ritmo del encuentro. Además, la defensa jugó un papel determinante: Steven Kwan protagonizó una espectacular atrapada contra la barda del jardín central en el tercer episodio, mientras que el propio Ramírez aseguró un elevado cerca de la línea del bosque izquierdo para cerrar la octava entrada.
Aunque el no-hitter se escapó, la salida de Messick quedará como una de las más dominantes de la temporada y una clara señal de que Cleveland podría estar cada vez más cerca de volver a escribir historia desde el montículo.