NUEVA YORK. – Karl-Anthony Towns continúa escribiendo su propio capítulo en la historia de los New York Knicks. El pívot dominico-estadounidense firmó otra actuación monumental el miércoles en el Madison Square Garden, encabezando la victoria 119-104 sobre los Charlotte Hornets y sumándose a un grupo de leyendas de la franquicia.
Con un dominante doble-doble de 35 puntos, 18 rebotes, cinco asistencias y dos robos, Towns se unió a Walt Bellamy, Bob McAdoo y Willis Reed como los únicos jugadores en la historia de los Knicks con múltiples partidos de al menos 35 puntos, 15 rebotes y cinco asistencias. Un hito reservado para gigantes del pasado… al que ahora él también pertenece.
Los Hornets nunca encontraron respuesta para frenar a Towns, quien anotó 19 puntos en la primera mitad, dando a los Knicks una ventaja cómoda que jamás perderían. En la segunda parte mantuvo el mismo nivel, desplegando la versatilidad que lo ha llevado a ser cinco veces All-Star.
A sus 30 años, el pívot vive una segunda etapa revitalizada en la Gran Manzana. Según ClutchPoints, promedia 22.7 puntos, 12.0 rebotes y 3.3 asistencias en la temporada. Aunque su porcentaje de tiro ha descendido a 46.7%, el más bajo de su carrera, continúa siendo una amenaza ofensiva difícil de contener.
Towns no solo ha brillado en la cancha; también ha mostrado una mentalidad de equipo. Tras el triunfo, elogió a Jalen Brunson, quien terminó con 26 puntos, cinco asistencias y tres robos, reafirmando su rol como motor ofensivo de los Knicks.
Con la victoria, los Knicks mejoraron su marca a 14-7, incluido un impresionante 11-1 en casa. Bajo la dirección de Mike Brown, en su primer año al frente del equipo, Nueva York ha adoptado una nueva identidad: más firme, más cohesionada y más ambiciosa.
El núcleo conformado por Towns, Brunson, Mikal Bridges y Josh Hart ha dado estabilidad y competitividad a un equipo decidido a volver a pelear en lo más alto. Con una Conferencia Este más abierta que en años recientes, los Knicks creen que esta podría ser finalmente la temporada para superar el obstáculo y regresar a las Finales de la NBA.
Mientras tanto, la Estatua de la Libertad —como bromeaban algunos aficionados— “fuma un cigarro de victoria”, celebrando el gran momento de un equipo que vuelve a ilusionar a la ciudad que nunca duerme.