La Albiceleste entra en una nueva era tras el adiós de su capitán. El gran desafío será encontrar al próximo líder de una selección acostumbrada a tener a un genio con la camiseta número 10.
¿Y ahora qué?
Esa es la pregunta que comienza a rondar en el fútbol argentino después de que Lionel Messi confirmara el final de su carrera internacional con la Albiceleste.
A sus 39 años, el astro argentino decidió cerrar un capítulo de 21 años defendiendo la camiseta de su país. Su legado es enorme: 125 goles, seis Mundiales disputados y, sobre todo, el título mundial conquistado en Qatar 2022, el trofeo que durante tantos años se le resistió a Argentina.
Pero más allá de las cifras, queda un vacío difícil de llenar.
Messi no fue solamente el capitán. Durante más de una década fue el futbolista al que Argentina miraba cuando el partido se complicaba, el jugador capaz de cambiar una historia con una jugada y el rostro de una generación que creció viendo al número 10 llevar la bandera futbolística del país.
“Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”, explicó Messi en una publicación en Instagram.
Sus palabras resumen perfectamente el momento que vive la selección: una leyenda se marcha mientras una nueva generación comienza a pedir espacio.
Argentina ya conoce esta historia.
En 1994, Diego Maradona puso punto final a su etapa con la selección después de quedar fuera del Mundial de Estados Unidos por un caso de dopaje. El fútbol argentino tuvo que esperar más de una década para encontrar a otro jugador capaz de ocupar, al menos parcialmente, ese enorme espacio.
Ese futbolista terminó siendo Messi.
Ahora la historia vuelve a repetirse.
La pregunta es inevitable: ¿podrá Argentina producir a un tercer genio capaz de marcar una época?
La respuesta no es sencilla.
La cantera argentina continúa siendo una de las más prolíficas del mundo y constantemente aparecen jóvenes con talento, personalidad y capacidad para jugar al más alto nivel.
Jorge Valdano, campeón mundial en 1986, considera que el entorno futbolístico argentino favorece la aparición de grandes jugadores.
Argentina, explica, tiene una cultura futbolística profundamente arraigada. Los jóvenes aprenden desde pequeños en las calles, en los clubes y en diferentes espacios donde el balón forma parte de la vida cotidiana.
Pero incluso en un país acostumbrado a producir estrellas, encontrar otro Messi no será una tarea sencilla.
Porque para llegar a ese nivel no basta con el talento.
Como señaló Valdano, para ser Messi también hacen falta factores excepcionales, una combinación difícil de repetir.
Argentina no está huérfana de talento.
Nicolás Paz y Thiago Almada ya compartieron vestuario con Messi y representan dos de las alternativas más interesantes para asumir mayores responsabilidades ofensivas.
Paz viene de destacar en Italia, donde fue reconocido entre los mejores mediocampistas de la temporada. Almada, por su parte, regresó al fútbol argentino para incorporarse a River Plate después de su paso por el Atlético de Madrid.
Ninguno tiene la obligación de convertirse en “el nuevo Messi”. Y probablemente ese sea el primer error que Argentina debería evitar.
Comparar constantemente a los jóvenes con el ocho veces ganador del Balón de Oro puede convertirse en una presión innecesaria.
También aparecen otros nombres como Franco Mastantuono, quien ya recibió la oportunidad de vestir la camiseta de la selección y ahora busca recuperar protagonismo tras su llegada al fútbol europeo.
Tomás Aranda es otro de los proyectos que despiertan ilusión. El juvenil de Boca Juniors ha llamado la atención por su velocidad, su capacidad para encarar y una gambeta que recuerda, salvando las distancias, a algunas de las características que hicieron famoso a Messi.
Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer.
El fútbol argentino no necesita encontrar una copia de Messi. Necesita encontrar su próxima gran figura.
Aunque suene extraño, la Albiceleste lleva tiempo preparándose para este momento.
Las ausencias de Messi durante los últimos años obligaron a Lionel Scaloni a modificar el funcionamiento del equipo. El entrenador probó diferentes esquemas y encontró soluciones en jugadores como Julián Álvarez y Lautaro Martínez.
La selección también comenzó a repartir responsabilidades entre futbolistas como Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Nicolás Paz y Thiago Almada.
El problema es que una cosa es jugar sin Messi durante un partido y otra muy distinta es construir una nueva identidad sin él.
La diferencia quedó especialmente expuesta en Qatar 2022.
Messi apareció en momentos decisivos y fue determinante en el camino hacia el título. Su capacidad para asumir la responsabilidad cuando el equipo más lo necesitaba terminó siendo uno de los grandes factores del campeonato.
Por eso, su salida no representa simplemente la pérdida de un delantero o de un mediocampista ofensivo.
Argentina pierde a su principal referencia futbolística.
La transición no solamente pasa por los jugadores.
También está en juego el futuro de Lionel Scaloni.
El técnico que condujo a Argentina a la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar y la Copa América 2024 podría convertirse en una pieza fundamental para conducir la etapa posterior a Messi.
Scaloni conoce a esta generación como pocos. Sabe cómo piensa, cuáles son sus fortalezas y, sobre todo, conoce el proceso que convirtió a un grupo de jugadores talentosos en una selección campeona.
Por eso, mantener al entrenador podría ser una de las primeras grandes decisiones que deberá tomar la Asociación del Fútbol Argentino.
La próxima etapa necesitará estabilidad.
La buena noticia para Argentina es que Messi no se marcha dejando un equipo vacío.
La Albiceleste todavía cuenta con una generación joven y competitiva que puede mantenerse en el máximo nivel durante varios años.
Cristian Romero, Lisandro Martínez, Facundo Medina, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Valentín Barco, Giuliano Simeone y Julián Álvarez, entre otros, podrían convertirse en los nuevos referentes del seleccionado.
El liderazgo tendrá que repartirse.
Ya no habrá un único jugador al que entregar el balón cuando todo parece perdido. Argentina tendrá que aprender a competir desde lo colectivo y encontrar diferentes caminos para ganar.
Y quizá ese sea el verdadero desafío de la era post Messi.
Argentina tiene asegurada su presencia en el próximo Mundial como coanfitrión, pero el gran objetivo va mucho más allá de participar.
El país tendrá que reconstruir su identidad alrededor de una generación que nació viendo a Messi como su ídolo y que ahora deberá tomar las riendas de la selección.
Durante años, la pregunta fue si Messi podía ganar un Mundial con Argentina.
Lo consiguió.
Ahora comienza una pregunta mucho más difícil:
La historia demuestra que el fútbol argentino siempre termina encontrando talento. Después de Maradona apareció Messi. Después de Messi, seguramente aparecerá alguien más.
Tal vez no sea otro genio de la misma dimensión. Tal vez no lleve el número 10. Tal vez juegue en una posición diferente.
Pero el fútbol argentino tiene una característica que pocas selecciones poseen: nunca deja de buscar a su próxima estrella.
Y mientras millones de argentinos se preparan para despedir al último gran 10, una nueva generación comienza a escribir su propia historia.