Manny Mota lo tiene claro: “El mejor bateador dominicano que he visto se llama Manny Ramírez”

La leyenda dominicana repasó la historia de los Medias Rojas de Boston y destacó las enseñanzas que dejaron Ted Williams, Luis Tiant, Manny Ramírez y David Ortiz.

Los Ángeles. — Cuando Manny Mota habla de béisbol, no solo habla de nombres y estadísticas. Habla desde la experiencia de quien vivió distintas épocas del juego y aprendió de algunas de sus figuras más importantes.

En su segmento “Domingos con la Leyenda”, durante el preámbulo de la transmisión en español de los Dodgers por KTNQ 1020 AM, el veterano dominicano abrió nuevamente su archivo de recuerdos para recorrer parte de la historia de los Medias Rojas de Boston y detenerse en cuatro figuras que dejaron una huella profunda en el béisbol: Ted Williams, Luis Tiant, Manny Ramírez y David Ortiz.

Y entre todas esas estrellas, Mota tuvo una opinión especialmente contundente.

“Para mí, el mejor bateador dominicano que yo he visto en las Grandes Ligas se llama Manny Ramírez”.

La frase resume la enorme admiración que Mota siente por el antiguo jardinero de Boston, pero también refleja lo que, a su juicio, convirtió a Ramírez en un bateador diferente: preparación, concentración y conocimiento del juego.

Mota comenzó su recorrido recordando a Ted Williams, uno de los mejores bateadores en la historia de las Grandes Ligas y una de las grandes referencias para quienes estudian el arte de batear.

El dominicano recordó especialmente el libro La ciencia del bateo, escrito por Williams, una obra que estudió con detenimiento durante su carrera.

“Ese libro, hermano, no me cansaba yo de leerlo y aprendí de él, aprendí de las ideas de Ted Williams como bateador”, recordó Mota.

Para él, una de las grandes virtudes de Williams estaba en su capacidad para seleccionar los lanzamientos. No se trataba simplemente de hacer contacto, sino de esperar el lanzamiento correcto y aprovecharlo al máximo.

Williams entendía que un buen turno al bate podía comenzar antes de que la pelota abandonara la mano del lanzador. La paciencia, el reconocimiento del pitcheo y la capacidad para utilizar todo el terreno eran parte esencial de su grandeza.

El recuerdo también llevó a Mota hasta Luis Tiant, el carismático lanzador cubano que se convirtió en una de las figuras más reconocidas de Boston.

Tiant era famoso por su particular movimiento al lanzar y por un repertorio que podía sacar de ritmo incluso a los bateadores más experimentados.

Pero para Mota había un lanzamiento que marcaba la diferencia.

“El lanzamiento que lo llevó a ser grande fue el lanzamiento de screwball”.

El llamado screwball ayudó a Tiant a construir una carrera memorable y a convertirse en uno de los lanzadores más difíciles de enfrentar durante sus mejores años.

Entonces llegó el nombre que provocó la sentencia más fuerte de Mota: Manny Ramírez.

Para el veterano dominicano, Ramírez no era simplemente un bateador talentoso. Era un jugador que entendía la preparación como parte fundamental del éxito.

Mota defendió la dedicación de Ramírez y explicó que, detrás de su personalidad desenfadada y de sus ocurrencias dentro del terreno, existía un jugador extremadamente concentrado cuando llegaba el momento de batear.

Recordó incluso que Ramírez acostumbraba trabajar temprano en la jaula de bateo, una rutina que demostraba su compromiso con la preparación.

Mota también relató una conversación con Don Mattingly en la que preguntó cuál era el bateador que más preocupaba a los Yankees.

La respuesta, según su recuerdo, fue clara: Manny Ramírez.

Y Mota lo resumió de una manera que retrata perfectamente el impacto que tuvo el dominicano en la rivalidad entre Boston y Nueva York:

“Manny Ramírez era el asesino de los lanzadores del equipo de los Yankees”.

El recorrido de Mota terminó con otra figura imprescindible en la historia reciente de Boston: David Ortiz.

Para el veterano dominicano, la evolución de Ortiz como bateador estuvo estrechamente relacionada con su capacidad para entender las dimensiones y particularidades de Fenway Park.

Mota explicó que Ortiz inicialmente buscaba principalmente halar la pelota, pero con el tiempo aprendió a aprovechar los lanzamientos exteriores y utilizar a su favor el famoso Monstruo Verde del jardín izquierdo.

Ese ajuste transformó su manera de batear.

“David se convirtió en un tremendo bateador cuando empezó a utilizar el bando izquierdo del terreno de juego”.

Y los resultados terminaron hablando por sí solos. Ortiz convirtió Fenway Park en uno de los escenarios más favorables para su ofensiva y construyó allí buena parte de la leyenda que posteriormente lo llevó al Salón de la Fama.

Las historias que compartió Manny Mota tienen un punto en común: los grandes bateadores no dependían únicamente del talento.

Ted Williams estudiaba el bateo. Luis Tiant perfeccionó un lanzamiento que confundía a los rivales. Manny Ramírez trabajaba desde temprano para prepararse y David Ortiz aprendió a utilizar las características del estadio a su favor.

Para Mota, ahí está la verdadera enseñanza.

El talento puede abrir la puerta, pero la disciplina, la preparación, la selección de pitcheos y la capacidad de hacer ajustes son las herramientas que permiten permanecer en la cima.

Y cuando alguien con la trayectoria de Manny Mota coloca a Manny Ramírez en lo más alto entre los bateadores dominicanos que ha visto en las Grandes Ligas, la frase no pasa desapercibida.

Es, sobre todo, el reconocimiento de una leyenda a otra.

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