Cuando era niño en Brasil, Tiago Splitter esperaba a que sus padres se durmieran para encender el televisor y ver a Michael Jordan liderar a los Chicago Bulls en la madrugada. Décadas después, aquel aficionado que soñaba con las hazañas de la franquicia más emblemática de los años noventa regresa a ella, pero esta vez como su nuevo entrenador principal.
Los Bulls presentaron oficialmente este miércoles a Splitter como el vigésimo quinto técnico en la historia de la organización, apostando por un perfil que combina experiencia internacional, conocimiento de la NBA y una reconocida capacidad para conectar con los jugadores.
“A escondidas de mis padres, a la una de la madrugada, veía los partidos de Michael Jordan y animaba a los Bulls”, recordó Splitter entre sonrisas durante su presentación. Ahora, el brasileño tendrá la misión de devolver al equipo a la relevancia competitiva después de varias temporadas decepcionantes.
La llegada de Splitter representa el primer gran movimiento de la nueva administración encabezada por Bryson Graham, quien asumió recientemente como vicepresidente ejecutivo de operaciones de baloncesto. El directivo destacó la sintonía que encontró con el técnico durante el proceso de selección.
“Estamos empezando desde cero. Cuando encuentras a alguien que comparte tu visión y entiende cómo quieres construir un programa ganador, la decisión se vuelve clara”, afirmó Graham.
A sus 41 años, Splitter aterriza en Chicago tras una temporada particularmente intensa. El exjugador tomó las riendas de los Portland Trail Blazers como entrenador interino luego de la salida forzada de Chauncey Billups en medio de problemas legales. En un contexto complicado, logró mantener al equipo enfocado y lo condujo a un balance positivo de 42 victorias y 40 derrotas, además de una clasificación a los playoffs, algo que Portland no conseguía desde la campaña 2020-21.
“No fue una situación fácil”, reconoció el brasileño. “Lo más importante fue dejar de lado las distracciones y concentrarnos en el baloncesto. Con el paso del tiempo, el grupo logró enfocarse en un objetivo común”.
Aunque evitó profundizar sobre su salida de Portland, dejó claro que su atención está completamente puesta en el reto que tiene por delante en Chicago.
La trayectoria de Splitter le aporta credibilidad inmediata al vestuario. Como jugador disputó siete temporadas en la NBA con los San Antonio Spurs, Atlanta Hawks y Philadelphia 76ers. Su momento más brillante llegó en 2014, cuando conquistó el campeonato con los Spurs junto a figuras como Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginóbili.
Tras retirarse, inició una carrera en los banquillos que lo llevó a trabajar en Brooklyn, Houston y posteriormente en Europa, donde dirigió al Paris Basketball Club y conquistó la Copa de Francia en la temporada 2024-25.
Esa combinación de experiencias fue uno de los factores que más valoró la directiva de Chicago.
“Tiene una historia fenomenal. Ha vivido el juego desde múltiples perspectivas y eso le permite entender muy bien lo que necesita un equipo para crecer”, señaló Graham.
El desafío que le espera no será sencillo. Los Bulls vienen de una campaña para el olvido, con marca de 31-51, fuera de los playoffs por cuarto año consecutivo y con una de las defensas más vulnerables de la liga, permitiendo 121.5 puntos por encuentro, la tercera peor cifra de la NBA.
Sin embargo, el panorama ofrece motivos para el optimismo. Chicago cuenta con las selecciones número cuatro y quince en el próximo draft, además de un importante margen salarial para reforzar la plantilla durante la agencia libre.
Ante las preguntas sobre resultados inmediatos, Splitter prefirió enfocarse en la identidad que quiere construir.
“Les puedo garantizar una cosa: vamos a competir todas las noches”, aseguró. “Y vamos a tener estándares muy altos en todo lo que hagamos”.
Las palabras son apenas el comienzo. Lo que Chicago espera ahora es que aquel niño que se enamoró de los Bulls viendo a Jordan en la madrugada pueda ayudar a escribir un nuevo capítulo ganador para una franquicia que lleva demasiado tiempo buscando recuperar su grandeza.