En una noche en la que el pitcheo mandó con autoridad, St. Louis Cardinals celebró una victoria impecable 3-0 frente a los San Diego Padres, impulsados por una actuación casi perfecta de Dustin May, quien rozó la historia antes de cerrar una joya de juego completo.
May caminó sobre una línea finísima entre la perfección y la frustración: llevó un juego perfecto hasta la séptima entrada, dominando con control y velocidad, hasta que finalmente cedió su primer corredor al otorgar una base por bolas a Fernando Tatis Jr.. El estadio contuvo el aliento, pero el daño parecía mínimo… hasta que poco después Manny Machado conectó un sencillo que encendió la amenaza de los Padres.
Sin embargo, cuando San Diego parecía listo para reaccionar, la defensa de St. Louis respondió con una jugada que cambió el tono del partido. Con corredores en las esquinas, el campocorto Masyn Winn convirtió un rodado en una doble matanza de alto nivel, apagando el intento de rebelión y manteniendo el 3-0 en el marcador.
El derecho de 28 años no volvió a perder el control. Terminó firmando una línea dominante: juego completo, apenas un hit permitido, nueve ponches y una sola base por bolas. Fue su primer juego completo en 71 aperturas en Grandes Ligas y una de las actuaciones más sólidas del equipo en la temporada.
La ofensiva de los Cardenales hizo lo justo, pero lo hizo en el momento exacto. Jimmy Crooks abrió la cuenta con un doble de dos carreras que rompió el cero, mientras que Alec Burleson añadió otro doble productor que amplió la ventaja y terminó de marcar el rumbo del encuentro.
En el camino, los Padres también tuvieron destellos defensivos. Jackson Merrill le robó un jonrón a Burleson en la cuarta entrada, una jugada que evitó un daño mayor. Por su parte, Lucas Giolito trabajó en relevo y permitió tres carreras en cinco entradas, en un esfuerzo en el que San Diego nunca logró encontrar ritmo ofensivo.
El partido también tuvo un matiz inusual en el manejo del cuerpo de lanzadores de los Padres. Wandy Peralta abrió el juego sin permitir anotaciones en la primera entrada, seguido por relevos de Kyle Hart, pero el control del encuentro nunca pasó realmente a manos de San Diego.
Al final, el protagonismo fue absoluto para May y para una defensa de St. Louis que no permitió que el juego se les escapara en ningún momento crítico. Fue una victoria que combinó dominio en el montículo, oportunismo ofensivo y sangre fría en los momentos de presión.
Una noche de las que se recuerdan no solo por el resultado, sino por la sensación de control total de principio a fin.