A los 41 años, Cristiano Ronaldo vuelve a encontrarse frente al escenario que más lo ha obsesionado durante toda su carrera: la Copa del Mundo. El capitán de Portugal afronta en Norteamérica el que ha anunciado como su último Mundial, decidido a conquistar el único gran trofeo que todavía falta en una colección que lo convirtió hace tiempo en una leyenda del fútbol.
El camino comenzará este miércoles, cuando Portugal debute ante RD Congo en Houston dentro del Grupo K. Después llegarán los compromisos frente a Uzbekistán y Colombia. Para Ronaldo será una cita histórica: su sexta participación mundialista, una marca reservada para muy pocos elegidos.
Sin embargo, esta vez el contexto es diferente. El delantero portugués ya no llega como aquella fuerza imparable que dominó el fútbol mundial durante más de una década. El paso de los años es evidente y, por primera vez, su condición de indiscutible genera debate tanto dentro como fuera de Portugal.
Su imagen pública también ha sufrido desgaste. Su promoción constante de Arabia Saudita, su mediática reunión con Donald Trump y las polémicas que han acompañado parte de su trayectoria han reducido parte del brillo que alguna vez pareció intocable.
Tras cerrar su etapa en la élite europea, Ronaldo sorprendió al incorporarse en 2023 al Al-Nassr saudí. Su llegada abrió las puertas a una ola de fichajes estelares que incluyó a figuras como Karim Benzema y Neymar. Aunque el ambicioso proyecto de convertir la Saudi Pro League en una de las grandes ligas del planeta no alcanzó las expectativas iniciales, el portugués sí cumplió su objetivo principal: seguir marcando goles.
La temporada pasada volvió a demostrarlo con 28 tantos en 30 partidos de liga, contribuyendo además a la conquista del campeonato. El título fue celebrado con emoción por un jugador que, pese a haber ganado prácticamente todo, sigue viviendo cada éxito con la intensidad de sus primeros años.
La aventura saudí también pareció ayudarle a cerrar algunas heridas abiertas desde Catar 2022. Aquella Copa del Mundo terminó de manera dolorosa para el astro portugués. Fernando Santos lo relegó al banquillo en las rondas eliminatorias y ni siquiera su ingreso pudo evitar la eliminación ante Marruecos en cuartos de final.
Aquella derrota prolongó una realidad incómoda: desde Alemania 2006, cuando alcanzó las semifinales, Ronaldo nunca volvió a acercarse realmente al gran objetivo mundialista. Incluso la histórica Eurocopa conquistada en 2016 quedó marcada por la lesión que lo obligó a abandonar la final a los pocos minutos.
Con Roberto Martínez al mando, la situación cambió. El técnico español devolvió al delantero un papel central dentro de la selección y siempre ha defendido públicamente su presencia en el equipo.
“Cristiano tiene la competitividad necesaria para estar aquí y es un capitán ejemplar”, ha repetido Martínez cada vez que surgieron dudas sobre el estado físico de su principal referente.
Y aunque ya no posee la explosividad que lo convirtió en una máquina de destruir defensas, sigue siendo un futbolista decisivo. Lo demostró con su gol en la final de la Liga de Naciones ganada ante España en 2025 y con los cinco tantos que aportó durante la clasificación mundialista.
No obstante, también han aparecido señales de vulnerabilidad. La expulsión frente a Irlanda por un codazo voluntario y algunos episodios recientes de frustración reflejan que la presión sigue siendo enorme para un jugador acostumbrado a desafiar cualquier límite.
La imagen de Ronaldo llorando tras fallar un penal ante Eslovenia en la Eurocopa 2024 mostró una faceta poco habitual: la de un campeón consciente de que cada oportunidad puede ser la última.
Portugal cuenta hoy con una de las generaciones más talentosas de su historia, repleta de creatividad y recursos ofensivos. Sin embargo, ninguna alternativa ha logrado desplazar definitivamente a su máximo goleador histórico. Ni siquiera Gonçalo Ramos, señalado durante años como su posible sucesor, ha conseguido consolidarse como una amenaza real para su puesto.
Por eso, mientras el tiempo sigue avanzando, Ronaldo mantiene el control del ataque portugués y de una ilusión que lo acompaña desde hace dos décadas.
Este Mundial representa su último tren. La última oportunidad para levantar la copa más deseada, la única que aún se resiste. Si lo consigue, añadirá el capítulo definitivo a una carrera irrepetible. Si no, su legado seguirá siendo inmenso, aunque siempre quedará la pregunta de qué habría pasado si el mejor goleador de su generación hubiera logrado conquistar también la cima del fútbol mundial.