El camino de regreso a las Grandes Ligas no será sencillo para Agustín Ramírez. El joven receptor dominicano, considerado una promesa en una posición históricamente escasa de producción para la República Dominicana, ha sido enviado a Triple-A por los Miami Marlins con una lista clara de aspectos por corregir, tanto a la ofensiva como, sobre todo, en la defensa.
Ramírez, de 24 años y oriundo de Los Alcarrizos, acumuló 167 partidos en su primera experiencia como ligamayorista, iniciada el 21 de abril de 2025. Aunque mostró destellos de poder con el bate —conectando 23 cuadrangulares y 37 dobles—, su impacto ofensivo estuvo por debajo de lo esperado. Su OPS de .694 y un OPS+ negativo (-7 en 2025 y -13 en el arranque de 2026) reflejan que su producción no logró aportar al equipo.
En la actual temporada, en 31 partidos, dejó una línea ofensiva de .230/.318/.345, con apenas dos jonrones y 14 carreras impulsadas. Además, su WAR (-0.4) evidencia un rendimiento por debajo del nivel de reemplazo, una tendencia que ya había mostrado en la campaña anterior.
Sin embargo, fue detrás del plato donde se concentraron las mayores preocupaciones. Ramírez lideró la liga en errores para receptores en 2025 con 10, y ya acumulaba cuatro en el inicio de 2026. Su defensa costó 14 carreras el año pasado y ya sumaba cuatro más en la presente campaña. A esto se suma un alarmante número de passed balls (19 en 2025), el más alto de la Liga Nacional.
El control del juego de carreras tampoco ha sido su fuerte. Su porcentaje de corredores retirados en intento de robo fue de apenas 8.8 % en 2025 (permitiendo 88 robos en 91 intentos), muy por debajo del promedio de la liga (23.3 %). En 2026, la historia no ha cambiado significativamente: registra un 9.5 % (19 robos permitidos en 21 intentos).
Ante este panorama, los Marlins decidieron darle paso a Joe Mack, prospecto de primera ronda del draft de 2021, mientras envían a Ramírez a reencontrarse con su mejor versión en Triple-A, ahora con los Jacksonville Jumbo Shrimp.
El reto está claro: mejorar su defensa, pulir su mecánica detrás del plato y elevar su consistencia ofensiva. El talento está ahí, pero el margen de error en Grandes Ligas es mínimo. Para Agustín Ramírez, este descenso no es el final del camino, sino una oportunidad crucial para ajustar y demostrar que puede ser el receptor que muchos proyectaron.