El Real Madrid llega a su cita de Champions frente al Manchester City con la obligación de reencontrarse consigo mismo. El equipo blanco, descrito por buena parte de la prensa española como “hecho añicos”, necesita una gran noche europea para frenar una crisis deportiva e interna que amenaza con hacer descarrilar el proyecto de Xabi Alonso apenas unos meses después de su llegada.
Las cifras reflejan el momento delicado: dos victorias en los últimos siete partidos y la derrota por 2-0 ante el Celta en el Santiago Bernabéu, que provocó una sonora pitada de la afición. Según diferentes medios, la continuidad de Alonso podría pender de un hilo si el Madrid cae ante el conjunto inglés.
La estrategia del técnico donostiarra se ha visto erosionada por una creciente lucha de poder en el vestuario. “El equipo es un grupo plano arracimado en torno a Mbappé, cuyos goles son un enmascarador de crisis”, publicó el diario AS tras el tropiezo frente al Celta. “Si se toma el día libre, no hay alternativa”, añadía el medio.
Y es que Mbappé, fichado en el verano de 2024 y convertido en el pilar absoluto del Madrid, sigue firmando cifras de escándalo: 25 goles en 21 partidos esta temporada y 55 tantos en el año 2025, quedándose a solo cuatro del récord anual que Cristiano Ronaldo estableció en 2013.
Su rendimiento ha sostenido al equipo durante los mejores y peores momentos, incluyendo la racha de 13 victorias en 14 partidos que precedió a la actual caída. Pero su brillo individual ya no alcanza para maquillar los problemas de fondo.
Alonso llegó con el propósito declarado de implantar un estilo más técnico y táctico que el de predecesores como Ancelotti o Zidane, conocidos por su excelente gestión de grupos. En este intento, tomó decisiones que generaron malestar: rotó a Vinicius Jr. con Rodrygo Goes, a Dani Carvajal con Trent Alexander-Arnold, y dio vuelo a Arda Güler en la ausencia de Jude Bellingham, quien se recuperaba de una operación de hombro.
Aunque los resultados acompañaron en esa primera fase, el descontento creció. El punto de ebullición fue el enfado público de Vinicius tras su sustitución en el Clásico de octubre. El regreso de Bellingham obligó además a modificar el once base, y la reticencia de Fede Valverde a ocupar el lateral derecho añadió más fricción.
Las circunstancias externas tampoco ayudaron: una serie de partidos como visitante, consecuencia de la celebración de un partido de la NFL en el Bernabéu, redujo el margen de recuperación en un momento delicado.
Tras un empate 1-1 en Girona a finales de noviembre, Mbappé lideró un intento de reacción interna pidiendo “mostrar quiénes somos” y “cambiar esta dinámica”. El mensaje pareció surtir efecto en la victoria 3-0 contra el Athletic, motivada —según AS— por la promesa de Alonso de conceder dos días libres en caso de triunfo.
Pero el descanso se volvió en contra: ante el Celta, el Madrid ofreció una versión desesperada y terminó con tres expulsados —Fran García, Álvaro Carreras y Endrick, este último desde el banquillo—, símbolo de la tensión creciente.
El club más laureado de Europa, con 15 Copas de Europa en sus vitrinas, llega a la Champions con la necesidad urgente de reivindicarse. Para Xabi Alonso, el partido ante el Manchester City no solo puede significar un punto de inflexión deportivo, sino también su continuidad en el banquillo blanco.
El Real Madrid busca en su competición fetiche el aire que se le escapa en LaLiga. Una gran noche europea podría convertirse en la tabla de salvación que el equipo necesita para reconstruir un proyecto que hoy aparece fracturado, presionado y al borde del colapso.