Seattle — Cuando más lo necesitaban, Cal Raleigh apareció para cambiar la narrativa.
El receptor de los Marineros, que había iniciado la temporada en medio de una evidente mala racha, conectó un sencillo decisivo en la novena entrada para darle a Seattle una victoria 2-1 sobre los Yankees de Nueva York la noche del lunes.
Raleigh, quien no fue incluido en la alineación titular, entró como bateador designado y terminó siendo el héroe. Con un out en la pizarra, conectó un imparable por la línea ante Paul Blackburn que superó el guante del inicialista Ben Rice, permitiendo que Leo Rivas anotara cómodamente la carrera de la victoria.
La jugada coronó una entrada que inició precisamente con sencillo de Rivas, quien luego avanzó hasta tercera gracias a otro hit de Brendan Donovan.
El batazo clave podría significar un punto de inflexión para Raleigh, subcampeón del MVP de la Liga Americana, quien ha tenido un comienzo complicado en 2026. Antes de ese turno, arrastraba un pobre 2 de 16 con 11 ponches, incluyendo una racha inicial de ocho turnos consecutivos terminados en strikeout, igualando un récord negativo en la era moderna.
“Todo saldrá bien”, expresó Raleigh tras el encuentro. “Muchos jugadores están pasando por lo mismo, tratando de encontrar su ritmo. Solo que ahora se nota más”.
Parte de sus dificultades se atribuyen a su limitada preparación tras participar en el Clásico Mundial de Béisbol, donde apenas disputó tres juegos con Estados Unidos y no pudo mantener su rutina habitual.
Mientras tanto, el dominicano Luis Castillo firmó una sólida apertura que merecía mejor recompensa. El derecho trabajó seis entradas en blanco, permitió solo dos imparables y ponchó a siete bateadores, aunque salió sin decisión.
Por los Yankees, Amed Rosario produjo la única carrera de su equipo con un elevado de sacrificio en la séptima entrada.
A pesar del gran trabajo de Castillo y el oportuno batazo de Raleigh, el partido reflejó el momento temprano de la temporada: ajustes, altibajos y figuras buscando recuperar su mejor versión. Para Seattle, al menos por una noche, la respuesta llegó justo a tiempo.