Polémica global por los nuevos test de feminidad impuestos por World Athletics antes del Mundial de Tokio.

A dos semanas del inicio del Mundial de Atletismo de Tokio, previsto del 13 al 21 de septiembre, crecen las críticas hacia World Athletics por la implementación obligatoria de pruebas genéticas a todas las atletas que deseen competir en la categoría femenina. La medida, que entrará en vigor el 1 de septiembre, ha generado un fuerte rechazo entre deportistas, científicos y organizaciones, quienes la consideran una invasión a la privacidad y una simplificación excesiva de la biología humana.

El nuevo reglamento, adoptado en julio por el organismo rector del atletismo mundial, establece que toda atleta deberá someterse, una sola vez en la vida, a un test que detecta la presencia del gen SRY, responsable del desarrollo de características sexuales masculinas. Aquellas que den negativo podrán competir en la categoría femenina.

Sin embargo, voces críticas como la de la campeona olímpica alemana Malaika Mihambo advierten que se trata de un test «jurídicamente discutible, éticamente delicado y científicamente simplista». Mihambo resume así la preocupación de muchas atletas obligadas a realizarse la prueba para poder participar en Tokio.

«Este precedente es preocupante», declaró la estadounidense Nikki Hiltz, especialista en los 1.500 metros y atleta no binaria, quien cuestionó la justificación de proteger el deporte femenino. “¿Por qué ahora, si nunca ha sido una prioridad? Deberían enfocarse en el dopaje o en entrenadores violentos”, añadió.

La belga Nafi Thiam, triple campeona olímpica de heptatlón, también expresó su escepticismo sobre las verdaderas intenciones de la medida.

Pese al creciente malestar, el presidente de World Athletics, Sebastian Coe, informó que «más del 90% de las atletas clasificadas para Tokio ya han sido controladas». Calificó el test, que se realiza a través de una muestra de saliva o sangre, como “no intrusivo” y destacó que ayuda a “proteger las categorías femeninas”.

Aunque World Athletics sostiene que el test permite determinar de manera fiable el sexo biológico, la comunidad científica no está de acuerdo. Andrew Sinclair, científico australiano que descubrió el gen SRY en 1990, publicó en The Conversation que “la determinación del sexo biológico es mucho más compleja” y no puede limitarse a un simple análisis cromosómico.

“El sexo biológico implica múltiples factores: cromosomas, gónadas, hormonas y características sexuales secundarias. Existen personas biológicamente mujeres que portan cromosomas XY”, explicó Sinclair, calificando el enfoque de World Athletics como “científicamente infundado”.

A los cuestionamientos científicos se suman obstáculos legales y logísticos. En Canadá, los test se realizaron durante los campeonatos nacionales, pero fueron invalidados por errores en el protocolo. En Francia, el Ministerio de Salud y Deportes se negó a autorizar las pruebas por considerar que violan la ley de bioética de 1994.

Sebastian Coe admitió que algunas atletas francesas se realizaron el test fuera del país o lo harán en Japón, y agradeció a las federaciones por su “cooperación”. Pero no todas las federaciones están alineadas. La federación australiana, por ejemplo, advirtió a sus atletas sobre los «problemas éticos significativos» que plantea la prueba y les recordó que pueden negarse sin sufrir represalias en su país.

También alertó sobre el impacto emocional que puede tener un resultado inesperado, algo que podría generar profundas consecuencias psicológicas para las deportistas afectadas.

Esta nueva regulación no se da en un vacío. En 2023, World Athletics ya había excluido a las atletas transgénero que hayan hecho su transición tras la pubertad y endureció sus normas sobre las atletas hiperandrógenas, exigiéndoles tratamientos hormonales para mantener niveles de testosterona “aceptables”.

Con el test genético obligatorio, la federación lleva un paso más allá su política de control de género, abriendo un debate global sobre los límites entre la protección del deporte femenino y los derechos individuales de las atletas.

Mientras el reloj avanza hacia el Mundial de Tokio, la controversia parece lejos de resolverse y plantea una pregunta de fondo: ¿hasta dónde se puede llegar en nombre de la equidad en el deporte?

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