Oyarzabal, Rodri, Olmo, Cubarsí y Merino: los héroes que guiaron a España hacia su segunda estrella.

España volvió a escribir una página dorada en la historia del fútbol. La victoria en la final del Mundial 2026, decidida por el gol de Ferran Torres en la prórroga, selló la conquista de la segunda Copa del Mundo para la Roja. Sin embargo, el éxito fue mucho más que un tanto decisivo: fue el resultado de casi cuarenta días de trabajo colectivo y de un grupo de futbolistas que elevaron su nivel cuando el equipo más lo necesitaba.

Entre todos ellos, cinco nombres sobresalieron como los grandes protagonistas de una campaña inolvidable.

Mikel Oyarzabal llegó al torneo rodeado de dudas. Tras un discreto estreno frente a Cabo Verde, donde apenas participó en el juego, las críticas no tardaron en aparecer. Su respuesta fue contundente.

Ante Arabia Saudita firmó una actuación brillante con dos goles y una asistencia antes del minuto 23. Más tarde volvió a marcar un doblete frente a Austria y abrió el camino de la victoria contra Francia al transformar el penalti que significó el 1-0 en semifinales.

Pero su importancia fue mucho más allá de las estadísticas. Su constante movilidad, la presión sobre los defensores y su inteligencia para crear espacios fueron fundamentales en el sistema ofensivo de Luis de la Fuente. En la final no encontró el gol, aunque desgastó durante más de cien minutos a la zaga argentina, preparando el escenario para que Ferran Torres apareciera como el héroe definitivo.

Con cinco tantos, terminó como el máximo goleador español en el campeonato.

Si hubo un futbolista imprescindible durante todo el Mundial fue Rodri. El capitán volvió a demostrar por qué es uno de los mejores mediocampistas del planeta.

Aunque recibió críticas en los primeros encuentros por su aparente lentitud, el paso de los partidos dejó claro que su inteligencia táctica y su capacidad para equilibrar al equipo eran insustituibles.

Su actuación frente a Francia resumió todo su torneo: recorrió más de 12 kilómetros, recuperó innumerables balones y neutralizó el talento ofensivo liderado por Kylian Mbappé.

Su influencia fue tan determinante que terminó siendo elegido como el mejor jugador del Mundial 2026, confirmando el regreso de su mejor versión.

El camino de Dani Olmo tampoco comenzó como titular indiscutible. Durante la fase inicial alternó la suplencia con la titularidad, pero cada vez que saltó al campo dejó claro que el ataque español funcionaba de otra manera con él.

Su capacidad para recibir entre líneas, acelerar el juego y encontrar espacios donde parecía no haberlos convirtió al mediapunta del Barcelona en una pieza esencial del engranaje ofensivo.

La asistencia que permitió el segundo gol frente a Francia fue otra muestra de la calidad con la que dirigió el fútbol de España durante todo el torneo.

Con apenas 19 años, Pau Cubarsí disputó su primer gran torneo internacional como si llevara una década compitiendo al máximo nivel.

El central completó los ocho partidos del Mundial ofreciendo una seguridad extraordinaria tanto en defensa como en la salida de balón. Su entendimiento con Aymeric Laporte permitió construir una de las defensas más sólidas del campeonato, que solo recibió un gol en todo el torneo.

Después de un pequeño error ante Bélgica que terminó en gol rival, reaccionó con personalidad. De un disparo suyo nació la acción que permitió a Mikel Merino marcar el tanto de la clasificación a semifinales.

Su rendimiento fue reconocido con el premio al Mejor Jugador Joven del Mundial.

La historia de Mikel Merino fue una de las más sorprendentes del campeonato.

Llegó al Mundial con muy poco ritmo competitivo tras superar una operación en el pie y apenas había acumulado media hora de juego durante los meses anteriores. Sin embargo, Luis de la Fuente nunca dejó de confiar en él.

El centrocampista respondió convirtiéndose en el hombre de los finales épicos. Marcó el gol de la victoria ante Portugal en octavos de final y volvió a decidir el duelo contra Bélgica en cuartos, entrando al terreno de juego apenas unos minutos antes en ambos encuentros.

En la final estuvo a centímetros de repetir la historia con un remate de cabeza que salió rozando el poste poco antes del tanto definitivo de Ferran Torres.

Sin necesidad de ser titular habitual, Merino volvió a demostrar que algunos futbolistas aparecen precisamente cuando los partidos parecen no tener solución.

La segunda estrella de España será recordada por el gol de Ferran Torres en la final, pero también por el extraordinario rendimiento de un grupo que funcionó como un auténtico equipo.

Oyarzabal aportó los goles y el sacrificio, Rodri ejerció como el líder silencioso, Dani Olmo dio creatividad al ataque, Cubarsí confirmó que el futuro ya es presente y Merino escribió algunos de los capítulos más emocionantes del torneo.

Cinco nombres diferentes, una misma misión y un mismo destino: devolver a España a la cima del fútbol mundial.

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