La cita mundialista que comienza este jueves será la más exigente de la historia, con 48 selecciones, 104 partidos y condiciones climáticas y geográficas que podrían influir directamente en el rendimiento deportivo.
El Mundial de Fútbol 2026 no solo marcará un antes y un después por ser el primero con 48 selecciones participantes y 104 partidos, sino también por los enormes desafíos físicos que deberán enfrentar los jugadores debido al calor extremo, la altitud de algunas sedes y las largas distancias entre ciudades anfitrionas en Estados Unidos, México y Canadá.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que las altas temperaturas serán uno de los principales factores de riesgo durante el torneo, tanto para los futbolistas como para los aficionados. Un estudio encargado por la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPRO) estima que 26 de los 104 encuentros se disputarán en condiciones consideradas de riesgo para la salud de los jugadores, incluida la final, dos partidos de cuartos de final y el encuentro por el tercer lugar.
Ante este escenario, la FIFA implementará dos pausas obligatorias de tres minutos en cada partido, una en cada tiempo, para facilitar la hidratación y la recuperación de los futbolistas.
El médico de la Academia del Valencia CF y miembro de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (Femede), Jesús Viosca, calificó el torneo como un auténtico “desafío para la fisiología humana”.
“Más del 80 % de las sedes podrían superar los 35 grados centígrados, a lo que se suman factores como la humedad, la radiación solar y el viento, que incrementan la sensación térmica”, explicó el especialista.
Además del calor, los equipos deberán adaptarse a constantes desplazamientos. La geografía del torneo abarca unos 4,300 kilómetros de este a oeste y cerca de 4,000 kilómetros de norte a sur, con trayectos que en algunos casos requerirán hasta siete horas de viaje.
La diferencia de husos horarios entre las distintas sedes representa otro obstáculo importante. Según Viosca, el llamado ‘jet lag’ provoca una desincronización del ritmo circadiano, afectando el rendimiento físico y mental de los deportistas.
“No es lo mismo para una selección como Nueva Zelanda, que puede tener que cruzar entre 16 y 19 husos horarios, que para otras selecciones que llegan desde regiones más cercanas”, señaló.
El especialista recordó además que los viajes de este a oeste suelen ser más difíciles de asimilar para el organismo, ya que implican adelantar el reloj biológico.
Otro factor determinante será la altura sobre el nivel del mar en algunas sedes, especialmente en Ciudad de México, ubicada a 2,240 metros de altitud.
“Existen estudios que indican que, por cada 1,000 metros de altura a partir de los 1,500 metros, un equipo adaptado puede tener una ventaja equivalente a medio gol por partido”, afirmó Viosca.
La disminución del oxígeno también afecta la capacidad cognitiva de los jugadores. Según el experto, a partir de los 1,500 metros de altitud el consumo de oxígeno disminuye aproximadamente un 8 % por cada mil metros adicionales, una situación que puede influir en la toma de decisiones dentro del campo.
La ampliación del torneo incrementará igualmente la carga física de los futbolistas. La competición se extenderá durante 39 días, desde el 11 de junio hasta el 19 de julio, cuando se dispute la final en el MetLife Stadium de Nueva York.
Muchos jugadores llegarán al Mundial tras una temporada agotadora en sus clubes, con compromisos de liga, torneos continentales y competencias internacionales.
“La carga competitiva es muy alta y las lesiones musculares continúan aumentando cada año debido a la saturación del calendario”, advirtió Viosca.
Las selecciones participantes contarán con equipos multidisciplinarios para reducir el impacto de estos factores. Entre las medidas recomendadas destacan los entrenamientos de adaptación al calor mediante saunas o baños de agua caliente, el uso de chalecos de enfriamiento antes de los partidos y una estricta planificación nutricional e hidratación.
Para combatir el ‘jet lag’, los especialistas recomiendan ajustar rápidamente los horarios de alimentación y exposición a la luz natural del país anfitrión. También pueden emplearse suplementos como la melatonina bajo supervisión médica.
En cuanto a la altitud, los entrenamientos en condiciones de hipoxia, incluso simulada, forman parte de la preparación de varias selecciones.
Más allá del talento y la estrategia, la capacidad de recuperación y adaptación podría convertirse en un elemento decisivo durante el torneo.
“Los equipos que mejor optimicen sus procesos de recuperación tendrán mayores posibilidades de obtener buenos resultados”, concluyó Viosca.
En un Mundial que promete ser el más grande y exigente de la historia, la resistencia física y mental podría marcar la diferencia entre levantar el trofeo o quedarse en el camino.