Messi vuelve a hacer magia y Argentina sigue firme rumbo a las rondas decisivas tras vencer a Jordania.

Argentina volvió a demostrar por qué es una de las grandes candidatas al título mundial. Con una actuación sólida, paciente y con destellos de jerarquía, la Albiceleste derrotó 3-1 a Jordania en el estadio de los Cowboys de Dallas (AT&T Stadium) y cerró una fase de grupos perfecta que la deja con la confianza por las nubes de cara a lo que viene.

Aunque el foco estaba puesto en la rotación del equipo, el guion terminó girando —como tantas veces— alrededor de un nombre: Lionel Messi. El capitán comenzó el partido en el banco, pero su sola presencia bastó para cambiar el clima del encuentro cuando ingresó en el segundo tiempo y volvió a dejar su huella en el marcador.

El conjunto dirigido por Lionel Scaloni apostó por una formación alternativa, con varias piezas frescas desde el inicio. Aun así, Argentina mantuvo su identidad: posesión, movilidad y paciencia para encontrar espacios ante un rival ordenado.

La apertura del marcador llegó tras una falta al borde del área. Sin Messi en cancha en ese momento, fue Giovani Lo Celso quien se hizo cargo del tiro libre y respondió con una definición perfecta, clavando la pelota en el ángulo para el 1-0. Un gol que no solo rompió el cerrojo jordano, sino que también significó una inyección de confianza para un mediocampista que venía esperando su gran momento.

El segundo golpe argentino llegó desde el punto penal. Tras una jugada confusa dentro del área, el árbitro sancionó la falta luego de revisión del VAR. El encargado fue Lautaro Martínez, que no falló: derechazo firme y 2-0 para una Argentina que empezaba a dominar el partido con autoridad.

Jordania, sin embargo, no se rindió. En el inicio del segundo tiempo sorprendió con una jugada colectiva que terminó en el descuento, generando un breve momento de incertidumbre en el banco argentino. El gol encendió las alarmas y obligó a Scaloni a mover el tablero.

La respuesta fue inmediata: a los 60 minutos, Messi ingresó al campo. Y con él, el partido cambió de ritmo otra vez.

Un minuto después, el astro volvió a hacer lo que mejor sabe hacer. Tiro libre impecable, ejecución quirúrgica y balón directo al fondo de la red. Golazo para el 3-1, el golpe definitivo que apagó cualquier intento de reacción jordana y volvió a encender el entusiasmo argentino.

Con el partido bajo control, Argentina administró energías y cerró el encuentro con madurez. El equipo no solo sumó tres puntos, sino que también dejó buenas sensaciones colectivas y minutos importantes para varias piezas de recambio.

Con esta victoria, la Albiceleste termina la fase inicial con puntaje perfecto y ya piensa en su próximo desafío, con la mira puesta en seguir avanzando en el torneo y mantener vivo el sueño del título.

Messi, una vez más, fue protagonista incluso sin necesidad de jugar todo el partido. Y Argentina, como tantas veces, encontró en su mezcla de jerarquía y trabajo colectivo el camino hacia otra noche redonda.

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