Nueva York. En medio de una racha negativa que ha encendido las alarmas en la organización, el dirigente de los Mets, Carlos Mendoza, aseguró que no está preocupado por su puesto, a pesar de los crecientes rumores sobre posibles cambios en el equipo.
Los Mets, construidos con altas expectativas para la temporada, atraviesan un difícil inicio tras perder 15 de sus últimos 17 partidos, incluyendo una doble derrota reciente ante los Rockies. El desempeño ha provocado cuestionamientos inevitables sobre la estabilidad del cuerpo técnico.
“Lo único que me preocupa es que tengo que hacer que los muchachos reaccionen”, expresó Mendoza tras la jornada del domingo. “Lo entiendo… apesta. Sé que las preguntas van a seguir surgiendo, pero mi trabajo es encontrar la manera de sacar a esos muchachos del bache”.
El contexto no ayuda. En días recientes, situaciones como la salida de Alex Cora en Boston han intensificado la especulación en torno a dirigentes bajo presión en las Grandes Ligas. Sin embargo, Mendoza evitó comparaciones y se mantuvo enfocado en la realidad de su equipo.
Aunque directivos de los Mets no ofrecieron declaraciones oficiales sobre la continuidad del dirigente, el ambiente dentro del clubhouse refleja respaldo hacia su liderazgo. Jugadores y miembros del equipo han defendido consistentemente su labor, incluso en medio de los resultados adversos.
Parte del análisis interno sugiere que los problemas del equipo van más allá de la dirección técnica. Figuras clave como Juan Soto y Francisco Lindor apenas han coincidido en el terreno en plenitud, mientras que el rendimiento ofensivo ha sido irregular. Asimismo, nombres como Bo Bichette han atravesado inicios complicados en sus respectivas campañas.
A esto se suma la inconsistencia en la rotación abridora, especialmente en los últimos puestos, lo que ha dificultado que el equipo encuentre estabilidad en el montículo.
En ese contexto, surge una pregunta clave: ¿hasta qué punto es responsable el dirigente? Más allá de decisiones puntuales durante los juegos, muchos dentro de la organización consideran que las dificultades responden a factores colectivos, desde lesiones hasta bajo rendimiento individual.
Por ahora, Mendoza mantiene la calma y el enfoque en revertir la situación. Con la temporada aún en sus primeras etapas, los Mets enfrentan el reto urgente de reaccionar antes de que la crisis pase de ser un mal momento a un problema estructural.