SAN FRANCISCO — Lo que alguna vez fue uno de los proyectos más ambiciosos de desarrollo para los Gigantes terminó abruptamente este viernes, cuando el club perdió a Marco Luciano en una cesión tras ser reclamado por los Piratas de Pittsburgh. Con ello se cierra un ciclo de siete años marcado por expectativas desbordadas, inversiones millonarias y un desarrollo que nunca logró despegar.
Luciano, firmado en 2018 desde la República Dominicana con un bono de US$2.6 millones, fue durante cinco años parte constante de las listas de los 100 mejores prospectos del béisbol. Su momento cumbre llegó en 2021, cuando Baseball Prospectus lo clasificó como el octavo mejor talento de todas las Ligas Menores, un rango reservado históricamente para futuros estelares.
Sin embargo, el potencial no se transformó en producción en San Francisco. Con solo 41 juegos disputados en Grandes Ligas, Luciano bateó .217 sin jonrones y mostró dificultades defensivas, especialmente cuando se le dio una oportunidad extendida en 2024 como campocorto. La organización trató de reencauzar su carrera la temporada baja pasada, trasladándolo a los jardines, pero sus resultados en Triple-A —OPS de .749 en un entorno favorable para bateadores— y su defensa irregular no convencieron.
Con Luciano sin opciones de ligas menores tras la temporada 2025, los Gigantes enfrentaban una decisión inaplazable. La expectativa era que lo traspasaran este invierno; en cambio, lo perdieron sin recibir nada a cambio. Un desenlace especialmente doloroso para una franquicia que rechazó múltiples propuestas de canje en años anteriores, algunas que, según fuentes, pudieron haber traído a lanzadores de calibre All-Star.
En retrospectiva, varias voces dentro y fuera de la organización consideran que los Gigantes retrasaron demasiado su transición fuera del campocorto, pese a señales repetidas de otros evaluadores —y algunos altos mandos del propio club— que sugerían moverlo antes a una esquina del cuadro o a los jardines.
Luciano se reunirá en Pittsburgh con otro ex gran prospecto de los Gigantes: el receptor Joey Bart. A sus 24 años, el dominicano aún conserva el poder natural que lo convirtió en una sensación internacional, aunque sigue siendo incierto si su adaptación a los jardines será la solución definitiva para consolidarlo como jugador de Grandes Ligas.
La situación de Luciano también refleja un problema estructural para los Gigantes: antes de su salida, el equipo tenía 10 jardineros en su roster de 40 jugadores. Entre ellos se encuentra Luis Matos, quien también se ha quedado sin opciones, obligando a la nueva directiva a evaluar pronto su futuro y determinar si seguirá formando parte del proyecto.
La marcha de Luciano deja a los Gigantes con una mezcla de frustración y resignación, recordándoles que incluso las mayores promesas pueden desvanecerse si el desarrollo no acompaña al talento. Mientras tanto, en Pittsburgh, los Piratas apuestan por un nuevo comienzo para un jugador que todavía podría tener capítulos importantes por escribir.