La gran historia de la serie fue la resiliencia de Joel Embiid. El pívot camerunés, quien se perdió los primeros tres partidos tras una apendicectomía, regresó en el Juego 4 y terminó siendo decisivo. En el séptimo encuentro firmó una actuación dominante con 34 puntos, 12 rebotes y seis asistencias, liderando la victoria 109-100 en el TD Garden.
Embiid no solo cargó con el peso ofensivo, sino que también hizo historia: se convirtió en el primer jugador de la NBA en alcanzar los 100 puntos en una serie de playoffs después de no disputar los primeros tres partidos. Su impacto fue inmediato y constante en los últimos cuatro juegos.
A su lado brilló Tyrese Maxey, quien aportó 30 puntos, 11 rebotes y siete asistencias. Ambos se convirtieron en apenas el tercer dúo en la historia de la liga en registrar al menos 25 puntos, 10 rebotes y cinco asistencias cada uno en un Juego 7, reflejando una química que ha evolucionado con el paso de la temporada.
Maxey destacó ese crecimiento tras el partido, señalando cómo ha aprendido a equilibrar su agresividad ofensiva con el liderazgo de Embiid. Durante la ausencia del MVP, asumió el rol principal; con su regreso, encontró la manera de coexistir y potenciar al equipo.
El dirigente Nick Nurse también subrayó la importancia de la experiencia adquirida en un ambiente hostil como Boston. Para él, la clave estuvo en forzar a los Celtics a jugar en media cancha en los minutos finales, cortando su ritmo en transición y controlando el cierre del partido.
Ahora, el reto será mayor. Los Knicks representan un equipo más físico y exigente, una prueba que pondrá a límite la resistencia de Embiid, quien jugó 39 minutos en el Juego 7 y mostró signos de fatiga pese a su brillante desempeño.
Filadelfia avanza con confianza y con la sensación de haber superado una prueba de carácter. Si Embiid y Maxey mantienen este nivel, los 76ers no solo están en la pelea: son un contendiente real en la Conferencia Este.