Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, que prometían ser una celebración inclusiva del deporte global, han comenzado a generar controversia incluso antes de su inauguración. Lo que inicialmente se presentó como un evento accesible, con entradas desde 28 dólares, ha derivado en una oferta dominada por boletos de lujo que alcanzan cifras de hasta 5,000 dólares, alejando al ciudadano común de la experiencia olímpica.
La organización de LA28 anunció con entusiasmo tarifas iniciales económicas, evocando el espíritu de accesibilidad que caracterizó a ediciones anteriores. Sin embargo, la realidad de la primera fase de venta anticipada —realizada mediante un sistema de lotería para residentes de Los Ángeles— ha sido muy distinta.
Los boletos más baratos desaparecieron en cuestión de minutos, dejando a la mayoría de los usuarios con opciones considerablemente más costosas. Incluso quienes lograron acceder temprano encontraron dificultades para adquirir entradas asequibles.
Eventos emblemáticos como la ceremonia de apertura ofrecieron algunas entradas desde 329 dólares, pero estas se agotaron rápidamente. En contraste, el sistema terminó mostrando casi exclusivamente opciones premium, incluyendo asientos valorados en más de 5,500 dólares para el acto inaugural en el histórico Los Angeles Memorial Coliseum.
La escalada de precios no se limita a las grandes ceremonias. Competencias consideradas de menor demanda también presentan tarifas elevadas: una final de tiro con arco femenino alcanza los 241 dólares, mientras que rondas preliminares de taekwondo tienen precios similares. Incluso disciplinas menos populares como el cricket femenino rondan los 93 dólares en etapas clasificatorias.
A esto se suma un recargo del 24 % por gastos de gestión, lo que incrementa significativamente el costo final. Por ejemplo, cuatro entradas de 600 dólares para atletismo terminan costando cerca de 2,977 dólares tras aplicar las tarifas adicionales.
El contraste con los Juegos de París 2024 resulta evidente. En la capital francesa se ofrecieron alrededor de un millón de entradas por 24 euros (unos 28 dólares), y casi la mitad de los boletos no superaban los 50 euros.
Incluso en reventa oficial, era posible conseguir entradas para eventos importantes por unos 170 dólares. En cambio, para Los Ángeles 2028, los precios de la ceremonia de clausura alcanzan hasta los 4,800 dólares, marcando una diferencia notable en accesibilidad.
La transformación de los Juegos Olímpicos en una experiencia premium no solo se refleja en el precio de las entradas. Asistir al evento implica además asumir altos costos de transporte, alojamiento y alimentación en Los Ángeles, una de las ciudades más caras de Estados Unidos.
La situación contrasta con ediciones históricas como los Juegos Olímpicos de 1932, también celebrados en la ciudad, donde asistir a múltiples competencias costaba apenas unos pocos dólares. Aunque la inflación explica parte de la diferencia, la brecha actual sugiere un cambio estructural en el modelo del evento.
A dos años de la inauguración, también surgen cuestionamientos sobre la preparación de la ciudad. La alcaldesa Karen Bass ha promovido la idea de unos “Juegos sin coches”, apostando por el transporte público. No obstante, muchos residentes consideran que las mejoras en movilidad han sido insuficientes para un evento de tal magnitud.
Con 11 años de preparación —tras ser designada sede en 2017—, Los Ángeles tenía el margen más amplio de planificación entre las sedes recientes. Sin embargo, las críticas sobre costos y logística comienzan a opacar la expectativa inicial.
Los Juegos Olímpicos han sido históricamente un símbolo de unión global y acceso al deporte. Sin embargo, el rumbo que parece tomar Los Ángeles 2028 plantea una pregunta inevitable: ¿puede un evento concebido para todos convertirse en un espectáculo exclusivo para quienes pueden pagarlo?
Por ahora, la respuesta parece inclinarse hacia una realidad donde el sueño olímpico, al menos desde las gradas, tiene un precio cada vez más alto.