
La energía de la fanaticada puertorriqueña se ha convertido en uno de los grandes atractivos de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026. Banderas ondeando, cánticos incesantes y aplausos en cada escenario reflejan el entusiasmo con el que los boricuas acompañan a sus atletas, sin importar la disciplina.
Conocida como «la Isla del Encanto», Puerto Rico ha trasladado a Santo Domingo ese espíritu alegre que caracteriza a su gente. Cada victoria se celebra con intensidad y cada competencia recibe el mismo respaldo, creando un ambiente que contagia tanto a deportistas como a espectadores.
«En Puerto Rico siempre estamos acostumbrados a apoyarnos unos a otros. Siempre estamos unidos y aquí somos una familia. Lo mismo que vivimos en nuestra isla es lo que estamos mostrando aquí: apoyar a nuestra familia», expresó un joven aficionado mientras seguía la final masculina de tiro con arco.
Detrás de ese respaldo constante existe una tradición que comienza en el hogar. Así lo explicó Katherine Pérez Santiago, presidenta de la Federación Puertorriqueña de Hockey, quien considera que la unión que caracteriza a la afición nace desde la infancia gracias al apoyo permanente de los padres hacia sus hijos.
«Tenemos unos padres fantásticos que han venido a apoyar a Puerto Rico y a todos sus hijos. Creo que esa es la razón por la que tenemos tantos fanáticos. Me siento muy orgullosa de que sea así», afirmó.
Pérez Santiago también valoró positivamente el desempeño de la delegación boricua durante los Juegos y manifestó su confianza en que el país continúe sumando medallas en las jornadas restantes.
Puerto Rico participa en Santo Domingo 2026 con una delegación de 442 atletas, integrada por 226 mujeres y 216 hombres, quienes compiten en 33 deportes, 43 disciplinas y 260 pruebas.
La experiencia y la juventud también distinguen al equipo puertorriqueño. El jinete Mark Watring, de ecuestre, es el atleta de mayor edad de la delegación con 63 años, mientras que la skater Esmeralda Butler, de apenas 13 años, representa a la competidora más joven.
Más allá de los resultados, la presencia de la afición puertorriqueña ha dejado una huella especial en estos Juegos. Su entusiasmo, sentido de pertenencia y apoyo incondicional han convertido cada escenario deportivo en una auténtica celebración del deporte y de la identidad boricua.