Nueva York. Lo que comenzó como una apuesta cuestionada por muchos se ha convertido en una de las historias más inspiradoras de la NBA. Jalen Brunson, el base que llegó a los New York Knicks en 2022 rodeado de dudas y críticas, es hoy el rostro de una franquicia que vuelve a soñar con la gloria y el hombre que ha devuelto la esperanza a una de las aficiones más exigentes del deporte.
La magnitud de su impacto quedó reflejada recientemente en la portada de la prestigiosa revista The New Yorker. En una ilustración titulada «Los reyes de Nueva York», Brunson aparece representado como una figura gigantesca detrás de leyendas históricas de los Knicks como Walt Frazier y Patrick Ewing, un reconocimiento simbólico a la huella que ha dejado en la ciudad.
A sus 29 años, Brunson liderará desde este miércoles a los Knicks en las Finales de la NBA frente a los San Antonio Spurs, una instancia que la franquicia neoyorquina no alcanzaba desde 1999. La organización también busca poner fin a una sequía de 53 años sin conquistar un campeonato.
La historia tiene un matiz especial. Brunson creció en Nueva Jersey asistiendo con frecuencia al Madison Square Garden, donde su padre, Rick Brunson, formó parte del equipo de los Knicks que cayó precisamente ante los Spurs en las Finales de 1999. Veintisiete años después, el hijo tendrá la oportunidad de escribir un desenlace diferente.
A diferencia de muchas estrellas de la NBA, Brunson no llegó a la liga rodeado de grandes expectativas. Aunque fue campeón universitario y una de las figuras de Villanova, fue seleccionado en la posición 33 del Draft de 2018 por los Dallas Mavericks.
Con apenas 1.88 metros de estatura, en una liga dominada por atletas de gran tamaño y explosividad, Brunson tuvo que abrirse paso gracias a su inteligencia, disciplina y competitividad.
«Me convertí en un luchador», ha dicho en varias ocasiones para describir el proceso que lo llevó de jugador secundario a estrella de la NBA.
Cuando los Knicks lo firmaron en 2022, algunos críticos calificaron la operación como un caso de nepotismo debido a la contratación de su padre como asistente técnico. Sin embargo, cuatro años después, los resultados han silenciado cualquier cuestionamiento.
Brunson se ha convertido en el líder indiscutible de los Knicks y en uno de los jugadores más determinantes de la liga. Su capacidad anotadora, su serenidad en los momentos decisivos y su liderazgo han transformado al equipo.
Después de promediar 32.4 puntos por partido en la temporada 2023-24 y 26.9 en la campaña actual, el base consolidó su reputación como uno de los mejores jugadores ofensivos de la NBA. Su sangre fría en los finales de partido le permitió conquistar en 2025 el premio al Jugador Más Decisivo de la liga.
A pesar de la fama, Brunson mantiene un perfil discreto. En una ciudad acostumbrada a las celebridades y al brillo mediático, asegura que nunca ha disfrutado especialmente de los focos.
«Prefiero una vida sencilla», ha expresado el tres veces All-Star, quien considera a Nueva York como parte de su familia.
En un texto publicado por The Player’s Tribune, agradeció el apoyo incondicional de la afición: «Ustedes marcan la diferencia. Sin ustedes, los Knicks no serían los Knicks. Es un honor jugar para Nueva York».
Parte del éxito actual de los Knicks también se explica por la química dentro del vestuario. Brunson comparte protagonismo con dos de sus mejores amigos, Josh Hart y Mikal Bridges, compañeros de aquella histórica generación de Villanova que conquistó campeonatos universitarios y construyó una amistad que perdura hasta hoy.
La conexión entre los tres ha sido fundamental para impulsar a Nueva York hasta las Finales, especialmente después de barrer 4-0 a los Cleveland Cavaliers en la final de la Conferencia Este.
Tras asegurar el campeonato del Este, Brunson recibió el trofeo de MVP de la serie de manos de dos leyendas de la franquicia: Walt Frazier y Patrick Ewing. El gesto simbolizó el traspaso de una herencia histórica que ahora descansa sobre los hombros del base.
«Hace mucho tiempo que él perpetúa la tradición. Lleva ese peso sobre los hombros, pero no debe quedarse ahí», afirmó Frazier, quien a sus 81 años ve en Brunson al heredero ideal de la grandeza de los Knicks.
Ahora, con Nueva York a cuatro victorias del campeonato, Brunson tiene la oportunidad de completar su transformación definitiva: de pequeño príncipe de los Knicks a rey absoluto de la ciudad que nunca duerme.