En el camino hacia los Juegos del 2026, no podemos darnos el lujo de descansar. Insistir no es una opción: es una obligación. Las Federaciones Deportivas Nacionales deben asumir su responsabilidad con seriedad y compromiso, trabajando desde ahora para asegurar una participación decorosa —y por qué no, destacada— en el evento multideportivo más importante del continente.
Sabemos que no será fácil. Preparar atletas de nivel internacional requiere planificación, recursos y liderazgo. Pero el país no puede resignarse a ocupar un papel secundario. Es momento de trazar una estrategia nacional, articulada y sin improvisaciones, que nos lleve a tener una representación digna en los Juegos del 2026. No podemos desmayar en este objetivo: el deporte es también patria, identidad y orgullo.
Un gesto que merece mención es el de Luis Chanlatte, quien por años mantuvo una férrea oposición al doctor José Joaquín Puello. Sin embargo, recientemente recapacitó y buscó el lado positivo de uno de los más brillantes neurocirujanos del país, y referente del movimiento olímpico. ¡Bien! Porque cuando se deja a un lado la rivalidad personal por el bien común, gana el deporte nacional.
Y hablando de bien común: ¡Dios! ¡Cuánto necesitamos que los líderes del atletismo nacional despierten! Rogamos que sean iluminados para que abandonen el temor, la pasividad o los intereses que les impiden luchar por lo básico: pistas de atletismo en cada región del país. No se puede hablar de alto rendimiento sin infraestructura. No se puede hablar de futuro si no se siembran las bases en el presente.
El 2026 está a la vuelta de la esquina. Es hora de insistir, persistir y resistir. Por el deporte, por los atletas, y por la dignidad de un país que merece estar en lo más alto del podio.