Mientras muchos atletas descansan después de una competencia, Ignacio Vásquez cambia el remo por el delantal. El doble medallista de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 termina su jornada deportiva para regresar a su otra pasión: preparar carnes, freír pica pollo y atender el negocio que él mismo levantó con esfuerzo.
Su historia demuestra que el éxito no siempre se construye únicamente en los escenarios deportivos.
Vásquez conquistó una medalla de bronce en la prueba individual de remo y, junto a Carlos Rodríguez, escribió una página histórica al conseguir la primera medalla de la República Dominicana en esta disciplina durante los Juegos celebrados en Santo Domingo.
Sin embargo, detrás de esas preseas hay años de sacrificio y una realidad que enfrentan muchos atletas de deportes menos mediáticos.
Consciente de que el remo no le garantizaría estabilidad económica, decidió invertir cada premio y cada ahorro en un proyecto que hoy se ha convertido en el sostén de su carrera deportiva. Así nació el Pica Pollo y Carnicería Vásquez, un negocio ubicado en Sabana del Puerto que emplea a cinco personas y le permite financiar sus entrenamientos en la presa de Rincón, en Bonao.
«En Sabana del Puerto todo el mundo conoce mi negocio y disfruta de lo que preparo. Gracias a Dios siempre está lleno porque nuestro enfoque es dar un buen servicio. Yo puse el sazón y junto a mis empleados llegamos a un punto que les gusta casi a todos», expresó el atleta.
Su vínculo con la cocina comenzó mucho antes de convertirse en remero. Desde los 12 años trabajó en un comedor y más adelante adquirió experiencia en el área de sazones de un supermercado, donde descubrió que la gastronomía también podía convertirse en su futuro.
Levantar el negocio ha requerido una inversión cercana a los dos millones de pesos, una cifra que reunió gracias a los incentivos obtenidos en el deporte y a los ahorros acumulados durante sus años de trabajo.
«Nosotros no tenemos tanto apoyo como en otros deportes. Ahora es que la gente nos está conociendo. Yo siempre supe que necesitaba una opción para buscarme la manera de vivir mejor», afirmó.
Su rutina diaria tampoco termina cuando baja la cortina del negocio. Ignacio prepara sus propios alimentos, realiza las labores del hogar y asume múltiples responsabilidades familiares. Es el único varón entre cuatro hermanos y reconoce que esas experiencias le enseñaron a desenvolverse por sí mismo.
«Son cosas que el que tiene disposición busca la manera. A mí no me pesa hacerlas porque tampoco tengo otra opción. Tuve que aprender y hoy, gracias a Dios y a la crianza que recibí, vivo de eso», comentó.
Competir ante su público en Santo Domingo 2026 tuvo un significado especial. Más allá de las medallas, sintió el respaldo de su gente y la satisfacción de ver recompensados tantos años de preparación.
«Es un orgullo estar en este deporte y remar con mi gente. Me siento muy feliz de obtener este resultado, que se ha luchado desde atrás en los entrenamientos. Lo único que he hecho es luchar por lo que hoy he conseguido. Este deporte es muy exigente, está entre los más difíciles, genera mucho desgaste. Pero hemos ganado la batalla y seguiremos buscando la mejoría», aseguró.
Las dos medallas obtenidas en los Juegos le garantizan alrededor de 250 mil pesos en incentivos económicos. Lejos de pensar en lujos, Ignacio ya tiene decidido el destino de ese dinero: reinvertirlo por completo en su pica pollo y su carnicería.
Porque para él, el verdadero triunfo no solo está en subir al podio. También consiste en construir, con disciplina y trabajo, un futuro que le permita seguir remando hacia sus próximos sueños.