Fernando Rodney: El amor por el béisbol que no tiene precio.

A sus 48 años, Fernando Rodney podría estar disfrutando de una cómoda jubilación tras haber jugado 14 temporadas en las Grandes Ligas, acumulando 327 juegos salvados y más de 49 millones de dólares en ganancias. Sin embargo, el carismático lanzador dominicano ha decidido seguir lanzando… prácticamente gratis.

Actualmente, Rodney forma parte de los Cardenales de Hamilton, un equipo de la Intercounty Baseball League (IBL), una liga semiprofesional con sede en Ontario, Canadá. El pago por su talento y experiencia no incluye cheques millonarios, sino algo mucho más modesto: alojamiento y comida gratuita. Y él no podría estar más feliz.

«Cuando tocaron mi puerta, les dije: ‘la puerta está abierta aquí’», comentó Rodney al portal theScore.com, mostrando el entusiasmo que aún lo mueve por el diamante.

La IBL está compuesta por nueve equipos y sus juegos solo se disputan los fines de semana, desde mayo hasta septiembre. Los jugadores apenas reciben 35 dólares por partido, una cifra simbólica comparada con los contratos de las Grandes Ligas.

Para Rodney, sin embargo, esta experiencia tiene un valor sentimental incalculable. El veterano cerrador afirma que le recuerda sus días como prospecto con los Tigres de Detroit, cuando entre 1999 y 2002 viajaba largas horas en autobús para cumplir su sueño.

«Hay una sensación de que soy más joven. Estoy viajando como antes… y recuerdo cuando tomaba el autobús. El tipo de conversaciones que teníamos en la parte de atrás: los veteranos atrás, los jóvenes adelante», recordó con nostalgia.

Desde que se unió al equipo a principios de agosto, Rodney se ha convertido en una fuente de energía y alegría para sus compañeros. En cada viaje y en el clubhouse, su presencia sirve como bujía motivacional.

«Esto me recordó momentos hermosos en las menores. Ahora puedo compartirlo con estos chicos, y están bien, se sienten bien», expresó el dominicano.

La figura de Fernando Rodney también ha capturado la atención del público joven. Antes de cada juego en el Bernie Arbour Memorial Stadium, decenas de niños se acercan para obtener un autógrafo o aprender cómo hacer su icónica celebración de “la flecha”, ese gesto que lo inmortalizó en la MLB.

Rodney, quien continúa usando su característico cambio y recta como principales armas desde la lomita, es ahora una leyenda viviente en un entorno humilde, pero lleno de amor por el béisbol.

Fernando Rodney no juega por dinero, sino por pasión. Y en cada lanzamiento, en cada firma, en cada flecha al cielo, deja claro que su amor por este deporte sigue intacto.

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