Félix Sánchez

Félix Sánchez: del campo corto a las vallas, una lesión que cambió la historia olímpica dominicana.

Antes de convertirse en doble campeón olímpico, Félix Sánchez soñaba con triunfar en el béisbol. Una lesión en la muñeca lo apartó del terreno y, casi por accidente, lo llevó a descubrir el atletismo. Lo que comenzó como una alternativa terminó convirtiéndose en una de las carreras más brillantes del deporte dominicano.

Hay lesiones que obligan a un atleta a detenerse. Y hay otras que, aunque dolorosas, terminan abriendo una puerta hacia un destino que nadie había imaginado.

Para Félix Sánchez, una fractura en la muñeca hizo precisamente eso.

En su juventud, mientras vivía en Estados Unidos, Sánchez tenía al béisbol y al fútbol americano entre sus grandes pasiones. En el terreno de pelota comenzó jugando como campocorto y posteriormente fue trasladado a los jardines, donde su principal virtud sobresalía por encima de las demás: la velocidad.

Era, sencillamente, el jugador más rápido de su equipo.

“Era muy rápido desde ahí. Con 12-13 años, jugaba muy bien el center field por mi velocidad, y en el fútbol también era muy buen corredor”, recordó Sánchez durante una entrevista con Listín Diario en la sección Palco de Grandes Ligas, dirigida por el editor deportivo Héctor J. Cruz.

Pero una lesión en la muñeca cambió sus planes.

Alejado temporalmente del béisbol y en busca de una disciplina con menos contacto físico, Sánchez encontró el atletismo. Al principio no lo veía como el comienzo de una carrera profesional. Era, simplemente, una manera de mantenerse activo y evitar el aburrimiento.

“Yo comencé a practicarlo como un año sabático del béisbol, era para no estar aburrido, porque sin deportes me sentí raro. Pero poco a poco comenzó a gustarme cada vez más”, contó.

Lo que parecía un simple paréntesis terminó convirtiéndose en una vocación.

Cuando Sánchez comenzó a familiarizarse con las pruebas de atletismo, necesitaba un referente. Lo encontró en una de las grandes leyendas de los 400 metros con vallas: el estadounidense Edwin Moses.

Sánchez estudiaba sus carreras en videos, observando cada detalle. No solo quería correr más rápido; quería comprender la prueba, aprender a atacar las vallas, calcular los pasos y dominar el ritmo.

Aquella admiración creció con los años hasta que finalmente tuvo la oportunidad de conocer personalmente a su ídolo.

La experiencia, sin embargo, no fue exactamente como la había imaginado.

“Pensé que él sería un poco más humilde. Me dijo que incluso con esa edad que él tenía —en ese entonces alrededor de 60 años— él me ganaba una carrera si no hubiese sido por las lesiones”, relató Sánchez entre risas.

Moses había sido una inspiración. Pero Sánchez terminaría construyendo su propia leyenda.

El 25 de agosto de 2004, en los Juegos Olímpicos de Atenas, Félix Sánchez salió a la pista para disputar la final de los 400 metros con vallas.

Ya no era aquel joven que había llegado al atletismo casi por accidente.

Era un atleta consagrado y uno de los favoritos para subir al podio.

Sánchez respondió a las expectativas y cruzó primero la meta. La medalla de oro no solo representó el mayor triunfo de su carrera hasta ese momento. También significó un antes y un después para el deporte dominicano.

República Dominicana conseguía en Atenas su primer oro olímpico.

Aquel muchacho que había dejado el béisbol por una lesión en la muñeca acababa de escribir su nombre en la historia.

Parecía el punto perfecto para cerrar una historia extraordinaria.

Pero Félix Sánchez todavía no había terminado.

Ocho años después de su triunfo en Atenas, Sánchez llegó a Londres con 34 años y una historia muy diferente.

Las lesiones habían golpeado su carrera. Había temporadas complicadas, dudas y momentos en los que parecía difícil imaginarlo nuevamente en la cima.

Mientras una nueva generación de atletas llegaba con fuerza, Sánchez tenía que demostrar que todavía podía competir al más alto nivel.

Y lo hizo.

En Londres 2012 volvió a conquistar el oro olímpico en los 400 metros con vallas.

Su segunda corona tuvo un sabor distinto. No llegó desde la comodidad de ser el gran favorito, sino desde la lucha por recuperar el lugar que alguna vez había ocupado.

“Los que vivieron las dos medallas recuerdan más lo de 2012, por lo sentimental y emocional que era, y porque era más difícil; las cosas difíciles se valoran más en realidad”, explicó.

La diferencia entre ambas victorias estaba en el camino recorrido.

En Atenas, Sánchez llegó con la presión de quien debía ganar. En Londres, en cambio, tuvo que levantarse después de años de lesiones, dudas y obstáculos.

Por eso aquel segundo oro terminó adquiriendo un significado especial.

Además, tenía un componente personal: Sánchez dedicó la victoria a su abuela.

La historia de Félix Sánchez tiene algo particularmente humano.

No comenzó con un niño que soñaba desde pequeño con convertirse en campeón olímpico de los 400 metros con vallas. Comenzó con un joven que disfrutaba del béisbol, que jugaba en el campo corto y luego en los jardines, que aprovechaba su velocidad en el fútbol americano y que, de repente, tuvo que buscar otro camino debido a una lesión.

Ese camino lo llevó a una pista.

La pista lo llevó a las vallas.

Las vallas lo llevaron a dos Juegos Olímpicos.

Y esos Juegos Olímpicos terminaron convirtiéndolo en uno de los nombres más importantes de la historia deportiva de República Dominicana.

A veces, el destino no llega como uno lo imagina. A veces aparece disfrazado de accidente, lesión o contratiempo.

Para Félix Sánchez, aquella lesión en la muñeca no fue el final de un sueño.

Fue el comienzo de otro.

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