Santo Domingo.– En el año 2003, una niña de apenas ocho años observaba desde las gradas cómo su padre se colgaba una medalla de bronce en los Juegos Panamericanos celebrados en Santo Domingo. Aquella escena, que pudo haber sido solo un recuerdo pasajero, se convirtió en el punto de partida de una historia que hoy sigue escribiéndose con determinación y propósito. Esa niña era Eva Brito.
Más de dos décadas después, la tenimesista dominicana no solo recuerda ese momento con claridad, sino que lo ha transformado en su mayor fuente de motivación. Su meta ahora es invertir los roles: ser ella quien compita, quien suba al podio, y que su padre, Roberto Brito, sea quien observe con orgullo desde las gradas.
La herencia que recibió Eva no fue material. Fue mucho más profunda: disciplina, pasión por el tenis de mesa y una visión clara de lo que quería ser. Aquella medalla de bronce de su padre sembró en ella un sueño que ha guiado cada paso de su carrera.
“Ese recuerdo lo es todo para mí. Fue lo que me impulsó a entrar en el tenis de mesa. Desde entonces supe que quería ser atleta”, expresó Brito, quien reconoce a su padre no solo como inspiración, sino también como mentor y entrenador a lo largo de su vida.
El legado familiar no termina ahí. Roberto Brito también formó a su otra hija, Karla, quien logró destacarse a nivel regional, incluso conquistando medallas junto a Eva en competencias del Caribe. En esa dinámica familiar, el tenis de mesa ha sido más que un deporte: ha sido un estilo de vida.
De cara a los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, Brito se prepara con intensidad. Recientemente obtuvo una medalla de bronce en el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Mayores, y continuará su preparación con una base de entrenamientos en Portugal.
“Voy a luchar cada set y dejarlo todo. No solo por ese recuerdo, sino porque mi país lo merece”, afirmó con convicción.
Sin embargo, su camino no ha estado exento de sacrificios. La atleta confesó haber perdido momentos importantes con su familia debido a sus compromisos deportivos, como bodas y celebraciones familiares.
“Es difícil ver esos momentos solo en fotos. Ser atleta implica muchas ausencias, pero también te enseña a valorar cada instante”, señaló.
Además de su carrera deportiva, Brito ha apostado por su formación académica. Se graduó en desarrollo empresarial y gerencial y luego completó una maestría en marketing internacional, demostrando que su disciplina trasciende la mesa de juego.
A pesar de sus logros, también alzó la voz sobre la necesidad de mayor apoyo para los atletas de disciplinas menos mediáticas, señalando que muchos no cuentan con los recursos necesarios para desarrollarse plenamente.
Hoy, Eva Brito no solo persigue una medalla. Persigue cerrar un ciclo, honrar una herencia y escribir su propia historia, con la misma pasión que un día la hizo soñar desde las gradas.