El Maratón de Boston volvió a demostrar por qué es una de las pruebas más emblemáticas del atletismo mundial: tradición, historia y un ambiente único que reúne a más de 500,000 espectadores a lo largo de su recorrido, convirtiéndolo en el evento deportivo más visto de Nueva Inglaterra.

Fundado en 1897, el Maratón de Boston es el más antiguo del mundo y forma parte de los prestigiosos World Marathon Majors. Su ruta, que inicia en Hopkinton y culmina en Boylston Street, cerca de Copley Square, combina exigencia física con una atmósfera incomparable, marcada por el fervor del público.

El gran protagonista de la jornada fue el keniano John Korir, quien no solo defendió su título, sino que estableció el mejor tiempo en los 130 años de historia de la carrera con 2:01:52. Su marca superó por 70 segundos el registro de Geoffrey Mutai logrado en 2011 en este mismo circuito, consolidándose además como el quinto mejor tiempo de la historia en maratones.

Korir, de 29 años, aseguró que fue consciente de su hazaña cerca del kilómetro 40, aunque no confirmó el récord hasta recibir la noticia tras cruzar la meta. Con esta victoria, reafirma su dominio reciente en la competencia.

En la rama femenina, la keniana Sharon Lokedi también brilló al conquistar su segundo título consecutivo con un tiempo de 2:18:51, consolidándose como una de las grandes figuras actuales del fondo mundial.

El suizo Marcel Hug volvió a imponerse en la categoría de silla de ruedas, alcanzando su noveno título con 1:16:06, quedando a solo una victoria del récord histórico del sudafricano Ernst van Dyk.

En tanto, Zouhair Talbi y Jess McClain firmaron los mejores tiempos de la historia para corredores estadounidenses en Boston, destacándose dentro de una fuerte presencia local en el top 20.

Los campeones reciben un premio de 150,000 dólares y una simbólica corona de olivo dorada enviada desde Maratón, cuna histórica de la disciplina. En el caso de Korir, sumó además un bono de 50,000 dólares por establecer el récord del circuito.

Una vez más, el Maratón de Boston no solo premió la velocidad, sino también la resistencia, la historia y el espíritu competitivo que lo han convertido en una cita obligada del atletismo mundial.

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