En el caso de las esgrimistas dominicanas Heyddys Valentín y Rossy Félix, el éxito deportivo ha sido el resultado de años de sacrificios, lesiones, obstáculos y la determinación de abrirse paso en una disciplina que eligieron por pasión.
Hoy, ambas son las principales referentes de la selección femenina de esgrima de la República Dominicana y han contribuido a mantener al país entre los protagonistas de la disciplina, incluso en medio de la prolongada crisis federativa que afectó este deporte durante más de dos años.
Aunque sus caminos comenzaron de forma muy diferente, terminaron coincidiendo sobre la pista de competencia.
Valentín creció en una familia donde el voleibol era protagonista. Sin embargo, un día decidió cambiar el balón por el sable tras descubrir la esgrima gracias a un amigo. La decisión sorprendió a sus familiares, quienes veían el nuevo deporte como una disciplina riesgosa y un cambio incierto. Para ella, sin embargo, fue amor a primera vista.
Rossy Félix también inició su trayectoria en el voleibol, pero fue durante una actividad escolar cuando conoció la esgrima. Aquella experiencia despertó un sueño que la ha acompañado durante casi dos décadas: representar al país y conquistar medallas internacionales.
Las dos atletas comparten ahora un mismo objetivo: seguir elevando el nivel de la esgrima dominicana y llegar en las mejores condiciones a los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, donde tendrán la oportunidad de competir frente a su público.
Para Valentín y Félix, esa cita será mucho más que un compromiso deportivo. Representará la posibilidad de inspirar a una nueva generación de jóvenes y demostrar cómo un deporte que un día descubrieron casi por casualidad terminó transformando sus vidas.
Las historias de ambas serán presentadas este jueves en un nuevo episodio de Quisqueyanos Valientes, que se transmitirá a las 9:00 de la noche por Color Visión, bajo la producción de Jessica Hasbún. El programa mostrará el lado más humano de dos atletas que, con perseverancia y disciplina, se han convertido en símbolos de la esgrima femenina dominicana.