Buenos Aires blinda el Obelisco mientras Argentina e Inglaterra paralizan al país.

Entre el temor a posibles desmanes y la ilusión de alcanzar otra final mundialista, la capital argentina vive una jornada de máxima tensión antes del esperado duelo de semifinales.

Buenos Aires amaneció este miércoles con un ambiente muy distinto al habitual. La emoción por el enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra en las semifinales del Mundial 2026 se mezcla con un amplio operativo de seguridad desplegado en torno al Obelisco, el escenario tradicional de las grandes celebraciones futboleras del país.

La Policía de la Ciudad instaló vallas alrededor del emblemático monumento y preparó un dispositivo especial que contempla el cierre del tránsito en las calles cercanas una vez concluya el encuentro. Se trata de una medida inédita durante esta Copa del Mundo, impulsada para prevenir incidentes en caso de una concentración masiva de aficionados.

La decisión llega pocos días después de la clasificación de la Albiceleste a las semifinales. Tras la victoria 3-1 sobre Suiza en tiempo extra, miles de personas se reunieron espontáneamente en el Obelisco para celebrar hasta la madrugada, una fiesta que terminó con un operativo policial que incluyó el uso de balas de goma para dispersar a los presentes.

A pesar de ello, el Obelisco sigue siendo el corazón de las celebraciones deportivas argentinas. Cada triunfo importante de la selección o de los principales clubes del país convierte este lugar en punto de encuentro para decenas de miles de aficionados que llegan con banderas, camisetas y cánticos para compartir la pasión por el fútbol.

El duelo frente a Inglaterra promete volver a transformar la ciudad. Muchos comercios decidieron cerrar sus puertas antes de la hora habitual, conscientes de que el partido acaparará toda la atención y de que un eventual triunfo argentino podría provocar una nueva multitud en las calles.

«A las tres nos vamos todos; con tantos nervios no se puede ni trabajar», comentó Claudia, empleada de una pinturería del centro de Buenos Aires, quien explicó que el negocio dio salida anticipada a sus trabajadores para que pudieran seguir el encuentro.

Mientras tanto, bares, cafeterías y restaurantes de los alrededores del Obelisco lucen decorados con los colores celeste y blanco y se preparan para recibir a cientos de aficionados que vivirán juntos uno de los partidos más esperados del torneo.

Con la seguridad reforzada y una ciudad completamente entregada al fútbol, Buenos Aires espera el pitazo inicial con la esperanza de que la pasión vuelva a llenar el Obelisco, esta vez en un ambiente de celebración y tranquilidad.

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