Cooperstown, Nueva York. La clase 2026 del Salón de la Fama del Béisbol vivió una jornada cargada de emoción, gratitud y orgullo. Carlos Beltrán, Andruw Jones y Jeff Kent fueron exaltados este domingo al templo de los inmortales en Cooperstown, donde aprovecharon el momento más importante de sus carreras para rendir homenaje a sus países, a sus familias y a quienes marcaron el camino hacia la grandeza.
Ante unos 12.000 aficionados reunidos en el Clark Sports Center y con la presencia de 57 miembros del Salón de la Fama —la mayor reunión de inmortales en la historia del evento—, los tres nuevos integrantes compartieron discursos que fueron mucho más allá de las estadísticas y los títulos.
El momento más emotivo llegó con Andruw Jones, quien convirtió su intervención en un tributo a Curaçao, la pequeña isla caribeña que lo vio nacer y que ahora tiene, por primera vez, a un representante en el Salón de la Fama.
«No hay una manera fácil de llegar aquí desde la pequeña isla de Curaçao, a más de 2.000 millas de distancia. Pero hoy Cooperstown y Curaçao quedan unidos para siempre», expresó el legendario jardinero.
Jones, ganador de diez Guantes de Oro y cinco veces All-Star con los Bravos de Atlanta, también recordó con profunda emoción a su padre, Henry Jones, a quien atribuyó gran parte de su desarrollo como pelotero.
El exjardinero relató cómo su padre le enseñó desde niño a fildear elevados y fortalecer sus muñecas con métodos poco convencionales, pero efectivos. Al cerrar ese recuerdo, dejó una de las frases más conmovedoras de la ceremonia: «Papá, lo logramos».
El orgullo boricua también se hizo sentir con fuerza durante la exaltación de Carlos Beltrán. Antes incluso de comenzar su discurso, el público rompió en cánticos de «¡Puerto Rico!», mientras decenas de banderas ondeaban en las gradas.
Beltrán recordó que, durante sus 20 temporadas en las Grandes Ligas, siempre sintió el compromiso de representar dignamente a su isla, sin importar el uniforme que vistiera.
«En todos los lugares donde jugué béisbol, siempre traté de representar a mi isla», afirmó el exjardinero.
Durante su intervención agradeció a cada una de las organizaciones por las que pasó, aunque reservó un cariño especial para los Mets de Nueva York, equipo con el que aseguró encontró una transformación tanto profesional como personal.
«Cuando la gente me pregunta por qué elegí la gorra de los Mets, la respuesta es simple. Cada organización moldeó mi carrera. Nueva York moldeó mi vida», señaló.
Beltrán evitó referirse directamente al escándalo del robo ilegal de señas de los Astros de Houston en 2017, episodio que marcó la parte final de su carrera y generó debate durante sus primeros años de elegibilidad al Salón de la Fama. Sin embargo, sí dedicó unas palabras a quienes decidieron no votar por él.
«A quienes vieron las cosas de otra manera, también quiero decirles gracias. Aprecio su perspectiva. El béisbol me enseñó que debemos medirnos con el mismo estándar con el que juzgamos a los demás», expresó.
El puertorriqueño ingresó al Salón de la Fama en su cuarto año en la boleta de la Asociación de Escritores de Béisbol de Estados Unidos (BBWAA), tras recibir el 84,2 % de los votos. Jones logró la elección en su noveno intento con el 78,4 %, mientras que Jeff Kent fue seleccionado por el Comité de la Era Contemporánea del Béisbol.
Kent, considerado uno de los mejores segunda base ofensivos de la historia y dueño del récord de jonrones para esa posición, mostró una faceta poco conocida durante la ceremonia.
Antes de comenzar su discurso no pudo contener las lágrimas al ver a sus padres entre el público. Más tarde confesó que esos minutos previos fueron incluso más difíciles que el propio discurso.
El exjugador recordó que su vida cambió gracias a una promesa de su padre: si conseguía una beca universitaria, le compraría una camioneta. Aquella motivación lo llevó a dejar las motocicletas, concentrarse en los estudios y en el béisbol, obtener una beca en la Universidad de California en Berkeley y recibir el vehículo que, según reveló, aún conserva.
«Esa camioneta sigue en mi garaje como un recordatorio de que las cosas más sencillas pueden cambiar por completo la dirección de tu vida», concluyó.
Más allá de los números que los llevaron a la inmortalidad, la ceremonia dejó claro que el legado de Beltrán, Jones y Kent también está construido sobre el sacrificio familiar, el orgullo por sus raíces y las personas que los impulsaron a convertirse en leyendas del béisbol.