Marileidy Paulino

Atletismo dominicano firma una actuación histórica en los Juegos Centroamericanos.

La disciplina aportó 23 medallas al medallero nacional, incluidas 14 de oro, y se convirtió en la federación de mayor impacto para la delegación dominicana.

El atletismo dominicano cerró los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe con una actuación que difícilmente pase desapercibida. Más que una buena cosecha de medallas, lo conseguido representa un salto enorme en el crecimiento de una disciplina que encontró en Santo Domingo 2026 uno de los capítulos más brillantes de su historia.

La delegación de atletismo conquistó 23 medallas: 14 de oro, cinco de plata y cuatro de bronce, un resultado que la colocó como la federación de mejor desempeño dentro de la delegación dominicana.

Los números hablan por sí solos. De los 77 atletas que integraron el equipo de atletismo, 23 regresaron al podio, mientras que sus preseas representaron aproximadamente el 16 % de las 150 medallas conquistadas por República Dominicana en los Juegos. Además, los 14 metales dorados marcaron una cifra extraordinaria para el atletismo nacional en una cita regional.

Para entender la dimensión de lo ocurrido, basta con mirar hacia atrás.

En Veracruz 2014, el atletismo dominicano apenas consiguió una medalla de plata, correspondiente al relevo 4×400. Cuatro años después, en Barranquilla 2018, la cosecha aumentó a 10 preseas: una de oro, cuatro de plata y cinco de bronce.

El crecimiento continuó en San Salvador 2023, donde la selección nacional conquistó 13 medallas, entre ellas dos de oro que tuvieron un significado especial: el histórico triunfo del relevo 4×400 mixto y el oro de Marysabel Senyú en salto alto.

Pero lo ocurrido en Santo Domingo fue otra historia.

En 2026, el atletismo prácticamente duplicó su producción de San Salvador y pasó de 13 a 23 medallas. Y lo hizo con una diferencia todavía más llamativa: 14 de esas preseas fueron de oro.

La evolución es clara: una medalla en 2014, diez en 2018, trece en 2023 y ahora 23 en 2026. No se trata simplemente de una mejora estadística; es la evidencia de que el atletismo dominicano ha dado un salto competitivo de gran magnitud.

Un elemento que también debe tomarse en cuenta es que República Dominicana, como país anfitrión, tuvo la oportunidad de participar con representación en todas las disciplinas del programa.

Eso permitió contar con una delegación amplia y competitiva, pero también elevó las expectativas sobre los atletas nacionales. En ese escenario, el atletismo respondió con resultados que lo colocaron por encima del resto de las federaciones en términos de aporte al medallero.

Las 23 medallas obtenidas por los atletas dominicanos no solo engrosaron la cosecha nacional. También confirmaron que el atletismo se ha convertido en uno de los principales motores del deporte de alto rendimiento del país.

Detrás de las cifras hay años de preparación, sacrificio y trabajo de atletas, entrenadores y dirigentes. El resultado de Santo Domingo 2026 no apareció de la noche a la mañana: es la continuación de un proceso que comenzó a mostrar señales de crecimiento desde Barranquilla y tomó mayor fuerza en San Salvador.

Ahora, con 23 medallas y 14 títulos regionales, el atletismo dominicano deja una pregunta inevitable sobre la mesa: ¿hasta dónde puede llegar esta generación?

Lo conseguido en Santo Domingo no solo debe celebrarse. También debe servir como punto de partida. Porque si la progresión continúa al ritmo mostrado en los últimos tres ciclos, el atletismo dominicano podría estar entrando en una etapa todavía más importante de su historia.

Santo Domingo 2026 quedará, sin dudas, como el escenario donde el atletismo dominicano dejó de prometer y comenzó a demostrar.

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