CINCINNATI.– A veces, perderse un turno al bate puede doler más que un ponche… y Bubba Chandler lo aprendió de la peor forma: mirando su iPad en el túnel justo cuando Oneil Cruz desataba uno de sus característicos “misiles” hacia las gradas del Great American Ball Park.
Consciente de la potencia casi sobrehumana de Cruz, Chandler no tardó en preguntarse qué tan lejos había llegado la pelota… y la respuesta fue contundente: 444 pies de pura fuerza en la cuarta entrada, ante el abridor de Cincinnati Reds, Brandon Williamson.
Ese jonrón amplió la ventaja de los Pittsburgh Pirates a 6-1, en un partido marcado por el viento y la intensidad. Pero Cruz no se conformó. En la novena entrada volvió a castigar, conectando un cuadrangular de dos carreras que terminó de asegurar la victoria 8-3, justo cuando Cincinnati intentaba reaccionar.
“Cuando Oneil está en el campo, es especial”, aseguró Chandler tras el partido, destacando no solo el poder del dominicano, sino la química colectiva del equipo. “Del uno al trece, todos tienen que integrarse y hacer su trabajo. Eso es lo divertido de este grupo”.
Las palabras fueron respaldadas por Jake Mangum, quien resaltó el impacto que tiene Cruz cuando entra en ritmo. Y no es para menos: el torpedero tuvo una noche perfecta, bateando de 4-3, con dos jonrones, tres carreras anotadas y tres impulsadas, elevando su promedio de .143 a .278 en cuestión de horas.
Más allá de los números, Cruz destacó el respaldo emocional dentro del clubhouse. “Se siente muy bien tener a alguien que cree en ti y te apoya”, expresó, refiriéndose a Mangum. “Me ha estado diciendo todo el tiempo: ‘Adonde tú vayas, nosotros vamos’”.
Y mientras Chandler seguramente no volverá a distraerse con su iPad en un turno de Cruz, el resto de la liga ya lo sabe: cuando el dominicano conecta, no es un batazo… es un espectáculo.