Liga, streaming y “Marty Supremo”: el tenis de mesa profesional busca su lugar en EE. UU.

El tenis de mesa vive un inesperado auge en Estados Unidos. En medio de un mercado deportivo altamente competitivo, la Major League Table Tennis (MLTT) comienza a consolidarse como una propuesta atractiva tanto para jugadores como para aficionados, impulsada por un creciente nivel de juego, nuevas plataformas digitales y hasta el efecto mediático del cine.

En un gimnasio cercano a Princeton, Nueva Jersey, cerca de un centenar de espectadores vibraron recientemente con la victoria de Kotomi Omoda, quien selló el triunfo de los Portland Paddlers frente a los Florida Crocs. La escena, que hace unos años habría parecido improbable, refleja el interés emergente por un deporte históricamente relegado a espacios recreativos.

“Todos hemos jugado en el sótano o en un centro comunitario, pero nunca lo vemos en directo a este nivel”, comentó un aficionado presente en el encuentro. Esa cercanía con el público es una de las claves del crecimiento de la MLTT, que, a tres años de su creación, ha registrado un aumento del 50 % en la venta de entradas respecto al año anterior.

El proyecto nació de la mano del empresario Flint Lane, quien decidió invertir en el tenis de mesa tras vender su compañía tecnológica en 2022. Su apuesta comienza a dar resultados: la liga cuenta con varios jugadores dentro del Top 100 mundial, como el australiano Adi Sareen, además de figuras estadounidenses con experiencia olímpica como Amy Zhang y Lily Zhang.

Sin embargo, el crecimiento deportivo no se traduce aún en estabilidad económica para los jugadores. La mayoría no puede vivir exclusivamente del tenis de mesa. Es el caso de Nikhil Kumar, quien compagina su carrera deportiva con su trabajo como ingeniero informático en Nueva York. “Espero que algún día pueda decir que vivo de esto”, admite.

Lane reconoce que la MLTT todavía está lejos de las grandes potencias del tenis de mesa mundial, como China, Japón, Alemania o Francia, pero insiste en que su modelo no busca competir directamente con ellas, sino consolidarse dentro del ecosistema deportivo estadounidense, similar a lo que ha logrado la MLS en el fútbol.

El interés económico también comienza a crecer. Las nuevas franquicias New York Slice y Atlanta Blazers, incorporadas en 2025, fueron adquiridas por varios millones de dólares, lo que evidencia la confianza de inversionistas en el proyecto.

En paralelo, la liga ha apostado por el entorno digital para expandir su alcance. El lanzamiento de su propio canal de streaming, Table Tennis TV, y la creación de un sistema de ranking abierto llamado Spindex buscan atraer tanto a aficionados como a jugadores amateurs, replicando modelos exitosos como el hándicap en el golf.

El impacto también se siente fuera de la liga. Plataformas como PingPod, que ofrecen espacios para jugar tenis de mesa, ya cuentan con más de 160,000 usuarios registrados, una cifra que contrasta con los poco menos de 14,000 miembros de la federación nacional.

A este impulso se suma la posible incorporación de apuestas deportivas en la MLTT, una estrategia que ha ganado terreno en el deporte estadounidense tras su expansión durante la pandemia.

El interés global tampoco pasa desapercibido. La World Table Tennis (WTT) incluyó desde 2025 un torneo de categoría “smash” en Las Vegas, elevando la visibilidad del tenis de mesa en el país.

Pero quizás el impulso más inesperado proviene de la cultura popular. La película “Marty Supremo”, inspirada en la vida del jugador Marty Reisman y protagonizada por Timothée Chalamet, ha recaudado cerca de 100 millones de dólares en taquilla. Su impacto ha llevado el tenis de mesa a conversaciones cotidianas, ampliando su alcance más allá del ámbito deportivo.

“Se habla de ello en la oficina, en las tiendas… la película ha puesto el deporte en el mapa”, comenta una aficionada habitual de la MLTT.

Aunque aún en fase de desarrollo, el tenis de mesa profesional en Estados Unidos parece haber encontrado una combinación prometedora: inversión privada, visibilidad mediática y una comunidad creciente. El desafío ahora será convertir ese impulso en una estructura sostenible que permita, algún día, que sus jugadores vivan exclusivamente de este deporte.

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