Balonmano y los Juegos del 2026: Un Compromiso con la Historia.

El 24 de julio de 2026 está marcado en el calendario nacional como una fecha histórica: la República Dominicana será sede, por tercera vez en su historia, de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Una cita deportiva que trasciende los límites del deporte y se convierte en un compromiso de nación, orgullo patrio y legado para las futuras generaciones.

La XXV edición de los Juegos, que reunirá a más de 6 mil atletas de toda la región, contempla 40 deportes, 57 disciplinas, 63 modalidades y la disputa de 3,244 medallas. Ocho serán las sedes encargadas de acoger la magna cita deportiva: el Distrito Nacional, Santiago, el Gran Santo Domingo, Bonao, Punta Cana, Baní, Cabarete y Juan Dolio. El país entero será un gran escenario deportivo.

El montaje de estos juegos ha sido descrito como ejemplar por su transparencia y ritmo de trabajo. Así lo ha reiterado el presidente del Comité Organizador, el periodista José Monegro, quien ha asegurado que los preparativos avanzan conforme al cronograma establecido y que el país entregará unos juegos dignos y bien organizados.

Además, el presidente de Centro Caribe Sports, el dominicano Luis Mejía Oviedo, juega un papel clave como supervisor vigilante —al estilo de Argos, el gigante de la mitología griega con 100 ojos—, garantizando que se cumplan los estándares internacionales exigidos por el movimiento deportivo regional.

El ministro de Deportes, Kelvin Cruz, también ha estado al frente de este desafío, gestionando recursos y acompañando cada paso de la planificación, mientras que el presidente de la República, Luis Abinader, ha expresado públicamente sus expectativas de un desempeño sobresaliente por parte de los atletas dominicanos.

Sin embargo, no todo es armonía. En medio de este esfuerzo nacional, persiste lo que algunos denominan una “rebeldía silente” entre ciertos presidentes de federaciones deportivas y miembros del Comité Olímpico Dominicano, quienes aún no se integran del todo al proceso. Una situación preocupante en momentos donde la unidad y el compromiso colectivo son imprescindibles.

Frente a este panorama, es alentador destacar el ejemplo de la Federación Dominicana de Balonmano, presidida por Miguel Rivera, quien ha mostrado una actitud ejemplar. Rivera ha declarado que tanto él como su equipo están completamente enfocados en lograr medallas en los Juegos del 2026. Con más de 50 fogueos internacionales programados frente a selecciones de alto nivel como España, México y Canadá, el balonmano dominicano se perfila como una de las disciplinas con mayor preparación.

Este es el camino a seguir. La actitud de la Federación de Balonmano debería servir de modelo para las demás federaciones deportivas del país. La grandeza que se espera de la República Dominicana en estos juegos sólo se alcanzará si todos los actores del movimiento deportivo nacional trabajan en unidad, con visión y compromiso.

El reto es grande, pero la recompensa lo es aún más. El pueblo dominicano merece un tributo deportivo a la altura de su orgullo nacional. Los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2026 no son solo una competencia: son una oportunidad para hacer historia.

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