Béisbol antes que política: Canadienses cruzan la frontera por amor a los Azulejos, pese a tensiones con EE. UU.

SEATTLE — Aunque la política y las tensiones comerciales han enfriado las relaciones entre Canadá y Estados Unidos en los últimos años, un nuevo tipo de deshielo ha llegado a través del diamante de béisbol.

Este octubre, mientras los Toronto Blue Jays disputan la Serie de Campeonato de la Liga Americana contra los Seattle Mariners, cientos de canadienses están dejando de lado sus reservas sobre cruzar la frontera para alentar al único equipo de las Grandes Ligas que representa a todo Canadá.

En un día soleado y fresco en Seattle, el canadiense Grant Murray, abogado de 62 años de Vancouver, condujo más de seis horas en un solo día solo para ver a sus amados Azulejos en el T-Mobile Park. “Estoy aquí solo por los Azulejos”, declaró Murray, quien admitió que desde hace años ha estado boicoteando a Estados Unidos por las políticas de la era Trump, en particular por la imposición de aranceles y declaraciones que insinuaban que Canadá podría convertirse en el “estado 51”.

Aunque solía hacer viajes más largos y gastar generosamente en visitas a Washington, esta vez decidió limitar al máximo sus gastos: se negó a hospedarse en hoteles y evitó consumir más allá de un hot dog en el estadio. Aun así, pagó 280 dólares por un boleto de pie, el más barato que pudo encontrar para el tercer juego de la serie.

A su lado, cientos de compatriotas compartieron sentimientos similares: una lealtad inquebrantable hacia los Azulejos que supera el malestar político que ha tensado los lazos entre ambos países desde 2016.

Para Rhiannon McMillan, electricista de 36 años de Maple Ridge, Columbia Británica, este choque entre Toronto y Seattle fue una “serie de ensueño”, ya que son sus dos equipos favoritos. Aunque pagó 300 dólares por su entrada, optó por no llevar a sus hijos debido a su preocupación por el entorno político en Estados Unidos.

“Mis mayores razones para evitar (EE. UU.) son 100% el miedo a la incertidumbre sobre cómo esta administración puede cambiar la política de un momento a otro”, dijo McMillan, aludiendo a temas como los derechos de las personas transgénero y la actuación de agencias como ICE.

A pesar de ello, describió el ambiente en el estadio como un “pequeño bolsillo de amor y armonía” donde los fanáticos de ambos equipos compartieron su pasión por el béisbol.

La decisión de muchos canadienses de reducir o cancelar visitas a Estados Unidos ha tenido consecuencias palpables. Según datos del Instituto de Investigación de Políticas Fronterizas de la Universidad de Western Washington, los cruces fronterizos de vehículos de pasajeros canadienses hacia el estado de Washington han caído un 36% en los primeros nueve meses de 2025 en comparación con el mismo período del año pasado.

La agencia Visit Seattle proyecta una caída del 26% en el turismo internacional este año, siendo los canadienses los visitantes más afectados. En 2024, estos representaron el 60% del gasto de visitantes internacionales en la ciudad, con un total de 586 millones de dólares.

Incluso negocios icónicos como Ivar’s, un restaurante de mariscos con presencia dentro del estadio de los Mariners, han sentido el impacto. Su presidente, Bob Donegan, dijo que han echado de menos a los visitantes canadienses, a quienes describe como amables, generosos y respetuosos con el personal. En un intento por recuperarlos, lideró una campaña en mayo con promociones y descuentos dirigidos específicamente a los canadienses durante la última serie regular entre Toronto y Seattle.

El operador de ferry FRS Clipper, que conecta Seattle con Victoria, Columbia Británica, tuvo que reducir sus operaciones este verano por la baja afluencia. Sin embargo, aprovechando la fiebre de los playoffs, la empresa lanzó viajes especiales “Playoff Express” esta semana para transportar directamente a los fanáticos desde Canadá al centro de Seattle.

Uno de esos pasajeros fue Nathan Bird, de 47 años, también de Victoria, quien trabaja en el sector turístico. Gastó unos 1.000 dólares en su travesía de 24 horas para ver el juego y cree que, aunque la política sigue siendo un tema delicado, el turismo se recuperará en 2026.

“Necesitamos ser amigos”, dijo Bird. “Veamos un buen béisbol y olvidemos toda la demás basura”.

Más allá de las estadísticas y rivalidades, este fenómeno refleja la complejidad de las relaciones entre dos naciones que comparten la frontera más larga del mundo. En tiempos de tensiones políticas y económicas, el béisbol se ha convertido, al menos por unos días, en un puente de entendimiento y camaradería.

Y aunque el resultado de la serie aún está por decidirse, lo que sí está claro es que, cuando se trata de los Azulejos, muchos canadienses están dispuestos a cruzar la frontera —y hasta sus propias convicciones— por amor al juego.

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